martes, 2 de agosto de 2016

Angelito Sánchez: el canillita de la suerte

Voy a seguir sumando recuerdos a este blog. En esta oportunidad inicio una serie dedicada a la sección que inauguré en mayo de 1997 en Diario EL SUR (por entonces denominado Del Sur) y que escribí hasta mi alejamiento en octubre del 2001 (regresé en diciembre del 2009). Esa sección se llamaba "El personaje de la semana" y aquí voy a rescatar algunas de esas publicaciones tal cual se escribieron por entonces, seguramente muchos de estos personajes ya no están con nosotros, pero queda en este espacio su recuerdo, memoria que hoy forma parte de nuestra historia pueblerina.

Hoy es el turno de Angelito Sánchez, publicado el viernes 5 de febrero de 1999.

Angelito Sánchez: el canillita de la suerte

Simpático por naturaleza, entrador, de una am­plia actividad social. Angelito Sánchez es el arquetipo del personaje popular, querido y respetado por todos. Fue canillita, empleado de la Junta Nacional de Granos y hasta hoy vendedor de rifas. Impulsó la Mutual y la Asociación del Personal de la Junta, presidió el club Porvenir Talleres e inició el baby fútbol, entre tantas otras tareas que lo llevaron a ser conocido en toda la ciudad. Esta es su historia, tan sencilla como ejemplar.

El 10 de abril de 1915 nació en Empalme uno de los personajes más simpáticos y queridos de Villa Consti­pación: “Angelito” Sánchez. Su historia se inicia con una tragedia: la muerte de su padre por causa de una úlcera en una de sus piernas. Don Julián Sánchez falleció en el Hospital Español de Rosario cuando Angelito tenía cinco años. Dos años más tarde se radicó en barrio Talleres junto a su madre Agustina, «en calle Libertad y Saavedra, era como todos, un barrio chico; frente al galpón de máquinas, mi mamá tenía un restaurante.
«Yo soy fundador del baby fútbol en el año 43 (por entonces era presidente de Porvenir Talleres), creador de la Mutual de la Junta Nacional de Granos y creador también del Panteón Social (de la misma institución)», recuerda. Además «fui Secretario del Sindicato de Canillitas» y en la Asociación del Personal de la Junta Nacional de Granos «fui Secretario de Propaganda y Afiliación».

Pero los recuerdos vuelven a sus primeros años en Talleres y al primer trabajo, allá cuando tenía «doce años, en un almacén que era de Francisco Varela, yo salía con él, con un parlante haciendo la propaganda de lo que vendía». Como dato anecdótico señala que el tal Varela «estaba casado con una hermana de José María Cuesta, Primitiva se llamaba la señora, después se fueron a
vivir a Santa Fe y ahí murieron los dos y hace quince días los trajeron al cementerio de Villa».

Más tarde desarrolló una de las tareas por las que más se lo recuerda: canillita, actividad a la que le dedicó diecisiete años. «Fui uno de los primeros canillitas de Villa», afirma. Trabajo el a que lo obligó otra desgracia, «falleció mi mamá, yo tenía cinco hermanos menores y mi padrastro, porque mi mamá se había ca­sado por segunda vez, y yo tenía que ganar el puchero para todos, junto a uno de mis hermanos».

«Mi mamá falleció en el año 31, y yo empecé (como canillita), en el año 33, en San Nicolás y después empecé a trabajar acá en Villa, con Orihuela». Pasó el tiempo «y empecé a trabajar por cuenta mía, hasta el 46 que entré en la Junta de Granos, en San Nicolás», dice antici­pando el relato, pero enseguida vuelve a su historia como canillita. «Tenía un galpón en calle San Martín 1950, allí también vendíamos artículos de carnaval».
En aquella época «los diarios venían por correo, llegaban por tren a las cuatro de la mañana en Empalme, y yo iba a buscarlos con la bicicleta y los iba repartiendo a medida que iba llegando a Villa» por entonces tenía más de novecientos clientes. Luego la bicicleta fue reemplazada por un «forcito» y una mañana en que iba a buscar los diarios «me agarró un golpe de aire y cuando llegué a Empalme a armar los diarios en la estación -la Crítica traía un suplemento especial y había que colocarlo adentro del diario- y con la mano sucia (de tinta) me pasé la mano por los ojos (lo que le provocó una grave infección) y el «doctor Luzuriaga, en vez de darme remedios fríos me los recetó calientes» lo que agravó su situación. «Me llevaron a Buenos Aires, al Hospital Santa Lucía y ahí me curaron y me terminó de curar un pastor, porque estoy en la iglesia evangélica».

Como ya mencionó, en 1946 Angelito ingresó a la Junta Nacional de Granos, «en la delegación Buenos Aires y de allá conseguí el traslado a Villa porque tenía toda la familia acá». Cabe acotar que se había casado el 3 de abril de 1938 con Sara Zulema Pizzini, y así fue como el 10 de enero de 1950 pasó a la delegación local de la entonces entidad estatal, «siempre en contaduría».
«Me jubilé en la Junta en el año 75» y «después me dediqué a la venta de rifas». Actividad en la que se inició también en 1975 «para recolectar dinero para levantar el edificio de la Mutual frente a Riberas, después levantamos el edificio del sindicato, y a continuación él Panteón Social». Este último fue iniciativa del propio Angelito: «Usted con vida quiere tener su casa, después de muerto tiene que tener su casa también», expuso en una asamblea del sindicato. «Empecé con la rifa del Elevador, y el primer premio que vendí fue un auto a José María Cuesta, que era compañero mío», dice.
«Mientras trabajé (en la Junta) vendía la rifa de la Mutual, después cuando me jubilé empecé a vender rifas por cuenta mía, de ahí para adelante hasta la actualidad».

Tallarín de toda la vida asegura tener «sangre azul y amarilla» aunque casi nunca jugó al fútbol. «Una vez quise jugar y casi me rompieron la canilla y a raíz de eso no jugué nunca más». De su época como presidente de Talleres rememora que «se hacían unos bailables los domingos a los que iba cualquier cantidad de gente, y ahí en uno de ellos cayó muerto, bailando, Adolfo Cristini». Según Angelito, Cristini, «era un personaje» que junto a «Fajardo y Bolzani intervinieron ante la gente del Directo­rio de Acindar para que la empresa viniera a Villa». Sobre la fecha precisa de esta muerte, Angelito no tiene certeza, pero ocurrió entre los finales de la década del 40 y princi­pios del 50.

Angelito tuvo una amplia actuación social, a lo ya enumerado debe sumársele que fue «secretario del hospi­tal» y además «por coincidencia del destino yo nací el 10 de abril de 1915 y ayudó en mi nacimiento Angela Lischettí, la mamá de Santiago y a ella le hice colocar en el cementerio una placa recordatoria por ser la primera par­tera recibida dé Villa, porque estaba la señora de Peberelli, pero ella atendía sin tener título».

Así, genio y figura, desde su nacimiento hasta la actualidad, agradecido y querido. Angelito es lo que indica su nombre y el apodo que recibió como vendedor de rifas: «El angelito de la buena suerte».

Nota del 15 de agosto de 2016: Angel Quiroga, uno de los grandes músicos que tenemos en Villa Constitución, es sobrino de Angelito Sánchez y confirmó que su deceso se produjo el 18 de julio de 2004, a los 89 años de edad.

Angelito Sánchez: el canillita de la suerte

Voy a seguir sumando recuerdos a este blog. En esta oportunidad inicio una serie dedicada a la sección que inauguré en mayo de 1997 en Diario EL SUR (por entonces denominado Del Sur) y que escribí hasta mi alejamiento en octubre del 2001 (regresé en diciembre del 2009). Esa sección se llamaba "El personaje de la semana" y aquí voy a rescatar algunas de esas publicaciones tal cual se escribieron por entonces, seguramente muchos de estos personajes ya no están con nosotros, pero queda en este espacio su recuerdo, memoria que hoy forma parte de nuestra historia pueblerina.

Hoy es el turno de Angelito Sánchez, publicado el viernes 5 de febrero de 1999.

Angelito Sánchez: el canillita de la suerte

Simpático por naturaleza, entrador, de una am­plia actividad social. Angelito Sánchez es el arquetipo del personaje popular, querido y respetado por todos. Fue canillita, empleado de la Junta Nacional de Granos y hasta hoy vendedor de rifas. Impulsó la Mutual y la Asociación del Personal de la Junta, presidió el club Porvenir Talleres e inició el baby fútbol, entre tantas otras tareas que lo llevaron a ser conocido en toda la ciudad. Esta es su historia, tan sencilla como ejemplar.

El 10 de abril de 1915 nació en Empalme uno de los personajes más simpáticos y queridos de Villa Consti­pación: “Angelito” Sánchez. Su historia se inicia con una tragedia: la muerte de su padre por causa de una úlcera en una de sus piernas. Don Julián Sánchez falleció en el Hospital Español de Rosario cuando Angelito tenía cinco años. Dos años más tarde se radicó en barrio Talleres junto a su madre Agustina, «en calle Libertad y Saavedra, era como todos, un barrio chico; frente al galpón de máquinas, mi mamá tenía un restaurante.
«Yo soy fundador del baby fútbol en el año 43 (por entonces era presidente de Porvenir Talleres), creador de la Mutual de la Junta Nacional de Granos y creador también del Panteón Social (de la misma institución)», recuerda. Además «fui Secretario del Sindicato de Canillitas» y en la Asociación del Personal de la Junta Nacional de Granos «fui Secretario de Propaganda y Afiliación».

Pero los recuerdos vuelven a sus primeros años en Talleres y al primer trabajo, allá cuando tenía «doce años, en un almacén que era de Francisco Varela, yo salía con él, con un parlante haciendo la propaganda de lo que vendía». Como dato anecdótico señala que el tal Varela «estaba casado con una hermana de José María Cuesta, Primitiva se llamaba la señora, después se fueron a
vivir a Santa Fe y ahí murieron los dos y hace quince días los trajeron al cementerio de Villa».

Más tarde desarrolló una de las tareas por las que más se lo recuerda: canillita, actividad a la que le dedicó diecisiete años. «Fui uno de los primeros canillitas de Villa», afirma. Trabajo el a que lo obligó otra desgracia, «falleció mi mamá, yo tenía cinco hermanos menores y mi padrastro, porque mi mamá se había ca­sado por segunda vez, y yo tenía que ganar el puchero para todos, junto a uno de mis hermanos».

«Mi mamá falleció en el año 31, y yo empecé (como canillita), en el año 33, en San Nicolás y después empecé a trabajar acá en Villa, con Orihuela». Pasó el tiempo «y empecé a trabajar por cuenta mía, hasta el 46 que entré en la Junta de Granos, en San Nicolás», dice antici­pando el relato, pero enseguida vuelve a su historia como canillita. «Tenía un galpón en calle San Martín 1950, allí también vendíamos artículos de carnaval».
En aquella época «los diarios venían por correo, llegaban por tren a las cuatro de la mañana en Empalme, y yo iba a buscarlos con la bicicleta y los iba repartiendo a medida que iba llegando a Villa» por entonces tenía más de novecientos clientes. Luego la bicicleta fue reemplazada por un «forcito» y una mañana en que iba a buscar los diarios «me agarró un golpe de aire y cuando llegué a Empalme a armar los diarios en la estación -la Crítica traía un suplemento especial y había que colocarlo adentro del diario- y con la mano sucia (de tinta) me pasé la mano por los ojos (lo que le provocó una grave infección) y el «doctor Luzuriaga, en vez de darme remedios fríos me los recetó calientes» lo que agravó su situación. «Me llevaron a Buenos Aires, al Hospital Santa Lucía y ahí me curaron y me terminó de curar un pastor, porque estoy en la iglesia evangélica».

Como ya mencionó, en 1946 Angelito ingresó a la Junta Nacional de Granos, «en la delegación Buenos Aires y de allá conseguí el traslado a Villa porque tenía toda la familia acá». Cabe acotar que se había casado el 3 de abril de 1938 con Sara Zulema Pizzini, y así fue como el 10 de enero de 1950 pasó a la delegación local de la entonces entidad estatal, «siempre en contaduría».
«Me jubilé en la Junta en el año 75» y «después me dediqué a la venta de rifas». Actividad en la que se inició también en 1975 «para recolectar dinero para levantar el edificio de la Mutual frente a Riberas, después levantamos el edificio del sindicato, y a continuación él Panteón Social». Este último fue iniciativa del propio Angelito: «Usted con vida quiere tener su casa, después de muerto tiene que tener su casa también», expuso en una asamblea del sindicato. «Empecé con la rifa del Elevador, y el primer premio que vendí fue un auto a José María Cuesta, que era compañero mío», dice.
«Mientras trabajé (en la Junta) vendía la rifa de la Mutual, después cuando me jubilé empecé a vender rifas por cuenta mía, de ahí para adelante hasta la actualidad».

Tallarín de toda la vida asegura tener «sangre azul y amarilla» aunque casi nunca jugó al fútbol. «Una vez quise jugar y casi me rompieron la canilla y a raíz de eso no jugué nunca más». De su época como presidente de Talleres rememora que «se hacían unos bailables los domingos a los que iba cualquier cantidad de gente, y ahí en uno de ellos cayó muerto, bailando, Adolfo Cristini». Según Angelito, Cristini, «era un personaje» que junto a «Fajardo y Bolzani intervinieron ante la gente del Directo­rio de Acindar para que la empresa viniera a Villa». Sobre la fecha precisa de esta muerte, Angelito no tiene certeza, pero ocurrió entre los finales de la década del 40 y princi­pios del 50.

Angelito tuvo una amplia actuación social, a lo ya enumerado debe sumársele que fue «secretario del hospi­tal» y además «por coincidencia del destino yo nací el 10 de abril de 1915 y ayudó en mi nacimiento Angela Lischettí, la mamá de Santiago y a ella le hice colocar en el cementerio una placa recordatoria por ser la primera par­tera recibida dé Villa, porque estaba la señora de Peberelli, pero ella atendía sin tener título».

Así, genio y figura, desde su nacimiento hasta la actualidad, agradecido y querido. Angelito es lo que indica su nombre y el apodo que recibió como vendedor de rifas: «El angelito de la buena suerte».

martes, 28 de junio de 2016

Sonidos de Pampa y Río

El 24 de mayo presentamos en la Sala San Martín de Villa Constitución un espectáculo que llamamos "Sonidos de Pampa y Río". Esta propuesta tuvo un antecedente inmediato el 13 de febrero, en la víspera del aniversario fundacional de nuestra ciudad, cuando la cantante Betiana Cahrny reunió un grupo de artistas folclóricos para ofrecer una muestra conjunta de su arte, cantando entre todos al pago chico.
En esa oportunidad Betiana me invitó a participar con la lectura de un par de mis poesías.
A partir de allí comenzamos a pensar un espectáculo más integral y compacto, donde con poesías y relatos fuera hilvanando cada número musical.
Dado que Betiana viaja constantemente, cantando en diversos escenarios del país, las nuevas tecnologías, en especial el WhatsApp sirvió para armar esta propuesta artística que finalmente se llamó Sonidos de Pampa y Río.
El nombre obedece a que en nuestra zona se dan la mano el litoral del Paraná y la pampa gringa. En pocos kilómetros pasamos de uno a otro.
Me sirvió para hilvanar el espectáculo mi propia historia, la de mi abuelo paterno, un indio gigante que bajó de Corrientes por el río, llamado Toribio Gómez y mi abuelo materno, un gringo que llegó del campo a la ciudad, Roberto Bava. Es decir, yo también debo mi existencia al río y a la pampa, como nuestra particular manera de interpretar la música.
Quizá por ello, no dudo en afirmarlo, Villa Constitución es la ciudad que mayor cantidad de artistas posee en proporción a su población.
Por ello, creamos este espectáculo que nos brindó una noche plena de satisfacciones y que esperamos repetir.
Reproduzco a continuación la nota de Diario EL SUR sobre la presentación y le agrego algunas de las maravillosas fotografías de Fernanda Del Carlo, cuyas fotos esa noche conformaron la escenografía que vistió el escenario, pero que además se encargó de registrar todo lo que sucedió en la mágica velada. Al final de la entrada encontrarán también las poesías mias que elegí para esa ocasión.



Noche con sonidos de Pampa y Río

Músicos locales se unieron para brindar un espectáculo de alto nivel basado en poesías y composiciones propias, inspiradas en Villa Constitución, sus paisajes y personajes. Fue una puesta en escena sin fisuras y con un hilo conductor: nuestra identidad. 
  
Sonidos de Pampa y Río, la propuesta musical que un grupo de artistas villenses presentó en el escenario de la Sala San Martín, superó todas las expectativas, tanto por la calidad del espectáculo amalgamado entre todos como por la participación del público. Fue la víspera de la fecha patria y a la vez una indagatoria sobre nuestra identidad local, que buscó responder con temas propios de casa músico, la pregunta: ¿Quiénes somos los villenses?.  La multiplicidad de voces nos dio un panorama de cómo y dónde buscar esa respuesta.

“Cómo explicar y encontrar las palabras para agradecer tanta sincronía puesta sobre un mismo escenario. Qué felicidad me invade al despertarme luego de haber vivido una velada maravillosa, llena de nuestra música, nuestra danza, nuestros paisajes, nuestras historias, en las voces de nuestra gente”, expresó al día siguiente Betiana Charny, alma mater y principal impulsora de este proyecto que busca extenderse en el tiempo. “Que sigan y se repliquen los Sonidos de Pampa y Río”, manifestó exultante.

En su Facebook Betiana fue mencionando a cada artista.  “Carlos López, Federico Gasanea, capos totales mil gracias por tantas horas invisibles de laburo; gracias Diego Ghiselli y toda la gente que trabaja en la Sala San Martin por sostener un espacio tan necesario para la ciudad y la cultura. Gracias a los chicos del Ballet Arte Pampa todos y en especial a Eri Acosta y Pedro Taborda que engalanaron el escenario con sus colores y movimientos”.

“Gracias a cada uno de los músicos que pusieron su obra y sus voces para que esto suceda: Golpe a Tierra (Lucas Chino Blanco, Davito Reynoso), Oscar Simiani, Marcelo roba y Grillo Arias, Dúo Menos Dos (Fernando Elia, Néstor Marinozzi), Marcos Llopart, Cristian Facha Soloaga, Yanapay (Soledad Acevedo, Beto Rondal, Cacho Meneghini),  Grupo La Tonada (Sergio Colazo, Mauro Córdoba, Pedro Lezcano, Carlos Juárez); Sebastián Graf y todos sus músicos. Gracias”, enumeró Betiana.


“Hubo debajo de todo eso -prosiguió la cantante-, horas, días, meses de trabajo que se fueron entretejiendo y por eso quiero agradecer muy especialmente a Ariel Fabián Gómez (que además hilvanó la noche de manera magistral), Fernanda del Carlo (que vistió con su mágica mirada el cuerpo energético de este encuentro) y a mis dos compañeros incondicionales José Ignacio Gasanea y Juanjo Inocenti por sostener y gestar desde el inicio este proyecto que salió maravillosamente por el amor que ustedes han brindado”.


Poemario

 Juntos

Alta,
la barranca umbría
te mira serena,
casi nostálgica.

Años
de soledades
la unieron a tu cauce
que, marrón y manso,
le acaricia los pies.

Rio,
en tu antiguo andar ,
la encontraste amante, compañera,
tan alta como cercana,
los años se harán siglos, 
pero allí seguirán,
juntos,
fundidos en el barro elemental
barranca y río,
vida y libertad.



Camino del río

Camino del río
cruzaron tus sueños
y se te dio un título
con olor a litoral:
Puerto de las Piedras,
tu nombre primigenio.

Pero nació en el tiempo
la ambición inevitable,
el denso humo de las fábricas
nos distrajo del pasado
y adquirimos un tosco
perfil de gris acero.

Crecimos de golpe,
apurados,
olvidando que nuestros pies
seguían en el barro elemental
mojados por las aguas marrones.

Y así,
parados de espaldas al origen
fundimos culturas
al volcánico calor de los hornos
para convertirnos
en los híbridos habitantes
de una ciudad de cuatro turnos.

Hoy
camino del río
viajan los fabriles excrementos
junto a desechos humanos,
y en esa polución cloacal
nos suicidamos en el triple asesinato
de la identidad,
el río,
y el futuro.

Camino del río,
junto a tanta muerte,
se nos escapa la vida.


Ciudad sin alas

Te despertás, a veces,
encandilada por un sol rojizo
que viene desde el Este
a disipar los vapores plomizos
de tu tedio nocturnal.

El sol sube desde el río,
desbarrancando matices,
como buscando el perfil frío
de tus calles grises
opacadas por tu apatía invernal.

Camino entre tus brumas
ciudad que a tus alas
pluma por pluma,
a machetazo y balas
arrancaron un marzo brutal.

Así sos, así creciste,
vapuleada y triste
ansia de ciudad en todos
alma de pueblo en cada recodo,
historia inconclusa que busca final.

viernes, 10 de junio de 2016

Luís Capriotti y los aromas

Es viernes, y es el día que elegí para -una vez terminada la labor semanal en Diario EL SUR-, seguir rescatando los escritos de Luis Capriotti.
Es viernes, el día que elegía Luis para reunirse a comer con los amigos en la pizzería "La Vieja Casona", del colorado José Luis Ricci.
Es viernes, día en salía a la calle -como sigue siendo tradición en Villa- el semanario de principios de los 90, y en el que se publicaban las aguafuertes de Luis.
Hoy es el turno de la que apareció en el Nº 21 de ese medio periodístico, que vio la luz el viernes 27 de septiembre de 1991, con un llamativo error en la tapa referido a una nota de mi autoría. En esa edición escribí sobre el aniversario de la fatídica Noche de los Lápices al cumplirse 15 años del hecho, pero en tapa dice 10 años . Un simple detalle anecdótico.
Ahora si, después de tantos viernes, regresa este texto de Luis Capriotti.

COSMETICOS EN LA PIZZERIA

“Gracias al pucho estoy perdiendo el olfato” -dijo Jeremías, melancólico bebedor de cerveza.
-Si -corroboró Cometti fumando con esmero un “Camel"- ya no huelo tan bien la tierra mojada o el pan fresco. Ni el olor a diario nuevo.
-Perfumes -pensé tomando un vermouth lleno de atardecer- cosméticos del recuerdo, sofocante olor a luna de las magnolias, olor que entristece en las farmacias.
Una mujer que conocí hace poco usa Chanel Nº 5.
Mi primer contacto con los perfumes sintéticos fue el “Cuero de Rusia" de mi madre, no ese horroroso matamoscas que vendían los turcos en sus canastas sino la esencia original creada por Vionnet, una mezcla de flores bulbosas, atrayentes, peligrosas...
Luego pasó lo que pasa en cualquier familia, largas enfermedades, malas cosechas, especie de siete plagas domésticas cayendo tan de golpe que mi madre no usaba más buenos perfumes, pero sobre el mármol de la cómoda de tres espejos, la cajita de polvo Coty decorada con innumerables cisnes tenía un olor profundo a misterio y flores muertas (con los años sabría que los cisnes los diseñó Paul Iribe, marido imposible de Coco Chanel). Ah! rueda de los años, que siempre cierra!
Mis hermanas mayores también usaban cosméticos pero la austeridad reinante las hacía oler a limpias, sin voluptuosidades sospechosas vía heliótropo, violetas o cosas que usan “esas mujeres pintarrajeadas”...
A los dieciséis años mi profesor Goicochea me retó medio en broma:
-¿Y Capriotti? ¿Para cuándo la primer afeitada?
Varios días después me cargó rotundamente viendo las innumerables heridas de mi cara.
-¿Se afeitó Capriotti?
Me había afeitado ingresando, Legión Extranjera mediante, al mundo de los varones adultos. Habré usado crema Gillette, verde y machasa -no lo recuerdo.
Pero si recuerdo el primer beso, un sospechoso gusto a durazno me hizo odiar el rouge de por vida, pero me molestan muy poco las damas que piensan lo contrario.
A una edad prudencial me regalaron Lavanda Fulton, que a pesar de ser trucha me enganchó para siempre a esa esencia de campo y cuero (años tardaría en descubrir que solo la inglesa puede ser usada, si faltara baño y gracias).
Hubo en mi vida un mascarón de proa que usaba Nina Rica en cantidades industriales, impregnando sábanas, picaportes, almohadas. Jamás podré oír la marcha del Mundial ‘78 sin que aparezca “Air Temps” hasta la náusea.
-Lo triste que si dejás el pucho no recuperás el olfato -remató el colorado Ricci-, colocando unos olorosos escabeches sobre la mesa.
-Gordo mandá el humo para otro lado que estamos comiendo!
El pucho no podrá sobre mi recuerdo, por lo menos sobre los cisnes de la polvera Coty, el áspero olor de las caléndulas, el olor a años '60 de Martha al ponerse las pestañas postizas, la goma de borrar del primer día de clase, el olor a ramos generales del almacén de Gambini, el perfume a Chanel Nº 5 de la que estoy amando.
Terminé el vermouth, afuera era de noche y la pizzefia del "Colo" olía sencillamente a pizza.

Luis Capriotti

sábado, 4 de junio de 2016

Luis Capriotti y los poetas villenses

Es sábado, llueve y me propongo cumplir con la tarea autoimpuesta –porque es justo y necesario- de recuperar la mayor cantidad de escritos del maestro Luis Capriotti. Hasta el momento los textos que fui reflejando en este blog fueron publicados en el Semanario Tiempo de Villa Constitución entre 1991 y 1992.
Hoy les acerco uno de la misma época pero de un valor histórico aún mayor.
Es sábado y este mismo texto de Luis fue escrito un sábado de 1992 y en su breve extensión deja una clara manifestación de principios y su expreso amor por la poesía. Y en especial de los poetas villenses.
En 1991, como ya se explicó en este mismo blog, Luis Capriotti –que por entonces ostentaba el cargo de Secretario de Cultura y Comunicación Social- impulsó el nacimiento de la Feria Regional del Libro de Villa Constitución. Y por supuesto, lo logró.
Para la Primera Feria ideó el Salón del Poema Ilustrado y convocó a todos los poetas villenses a acercar a la Casa de la Cultura una de sus obras. Luego invitó a los artistas plásticos a retirar una de esas obras, según su gusto personal, para recrearla desde la imagen.

La conjunción de poetas y plásticos –que en algunos casos no se conocieron hasta el momento de la exposición- resultó en una muestra sintética del talento villense. En mi caso Susana Caligaris ilustró magníficamente mi poema “Olvido”· Esa Primera Feria del Libro se llevó a cabo en la entonces, flamantes instalaciones del Nuevo Banco de Santa Fe.
Para la Segunda Feria, Luís redobló la apuesta, prosiguió el Salón del Poema Ilustrado, pero en esta oportunidad los textos integrarían a su vez “La Primera Antología de Poetas Villenses”. Yo insistí con mi poema Olvido, porque entendía que –aunque repetido-, era una obra que quería que perdurara en el tiempo. En esta ocasión lo ilustró Rafael Rafael Rodríguez logrando un resultado impactante.
La segunda Feria se desarrolló en el Centro Cultural de calle Rivadavia 1373, ya desaparecido.
Un sábado de 1992, Luis Capriotti escribió el prólogo de esa Primera Antología de Poetas Villenses, comparto con Ud. ese texto y agrego mi poema.

Es sábado lluvioso y es bueno dialogar con los fantasmas.

Prólogo 
Hoy es sábado, y todo es como debe ser un sábado: compras, pasear al perro más de lo ordinario, armar un programa, traer flores a casa, terminar aquel libro. Gozar este bendito hogar, cálido a fuerza de música, leña y recuerdos.
Pero parpadea la luz del contestador y entre confusos llamados,
Nidia dice que no me olvide del prólogo de la Primera Antología de Escritores Villenses que... ¡Ah! querida secretaria mía ni en fin de semana dejas de ser eficiente. ¡Ah! querido contestador que útil sos, pero te odio.
Es sábado, hace frío, hay leña encendida, flores esperando ser acomodadas en una jarra y un montón de poetas esperando ser editados. Hago como en los siniestros lagañosos minutos después que suena el
reloj despertador… Solo un minuto… Minuto fatal.
Hago tiempo. Pongo las mandarinas ordenadamente en la frutera, Luis Antolloni me ayuda porque su barrio tiene olor a cáscaras de manda­rina. Las manzanas van para otro lado, son tiernas y misteriosas como Andrea Reboratti (¿Cuándo la conocí? Lo que es peor ¿cuándo conocí a su padre? Es como si toda la vida estuviesen en mi vida.)
Y comienzo a preparar el ramo.
Flores con el olor acre de las acacias, olor a las barrancas de Gladys Lombardo y su padre Don Mateo. Crisantemos delicados mezclando el aroma de la muerte y la vida como lo hace Emilse Ríos en sus poemas. Claveles como los que habrán usado los rufianes de calle Colon, aquellos de Guildo Corres, Baldarena o Edgar Ludmer.
Un par de siemprevivas para el Doctor Palmieri; para Don Santiago Lischetti pétalos dispersos. Una clavelina humilde y callada para mi querido Ariel Gómez, tan lleno de tardes y misterios. Una rosa blanca para Bibiana Espinosa.
Ghisophilas para todo el resto. Ramo armado, sueño realizado.
Otro leño para la salamandra, Ney Matogrosso canta "Islas", el perro me sigue a todas partes. Es sábado, Sofía dejo la casa impecable, me siento bien.
Un gran ramo avanza por la casa: Nidia éste es mi prólogo, no podía ser de otra forma. Compartí con ellos tantos dolores y alegrías que si dijiese cosas sesudas y altisonantes, se morirían de risa. Pero sabés? Me gustaría tenerlos aquí a todos junto al fuego, compartiendo la música de sus palabras; el color de sus emociones, el olor de sus recuerdos, y ojalá mi perro no se ponga muy cargoso, porque ama los poetas.
¿Será cierto eso de que los perros se parecen a sus dueños?


Olvido

En un recodo del tiempo
se me perdió tu imagen               ,
Hace varias tristezas que te busco
Hace muchas nostalgias
que pretendo encontrarte en el recuerdo.

Te imagino, pero no te veo,
te sueño, pero no te reconozco,
tu recuerdo se reduce,
sólo a tu pequeño nombre
conjurado mil veces,
con otras tantas desazones,
pues, aunque me dice mucho,
no me dibuja tu imagen.

Esa imagen extraviada en algún
pliegue de mi memoria,
que apenas atisbo, casi desteñida,
con ese ocre otoñal
de las cosas añejas,
disimulada en el camouflage
interior de mis recuerdos.
Tu imagen que busco
y no encuentro.

En qué arcaico cofre del pasado
se me traspapelaron tus ojos,
tus cabellos,
en qué oculto arcón del alma,
se me olvidaron tus manos,
tu piel.

Busco incesantemente
la mágica llave
que pueda abrir la mítica puerta
tras la cual se esconde tu ansiada imagen...
Mientras tanto,
te sueño sin verte,
y te espero,
sin recordarte...

AUTOR: ARIEL GOMEZ.

viernes, 27 de mayo de 2016

Luis Capriotti y sus gatas

Tomé como norma, cada viernes, una vez terminada la ardua semana de labor en el Diario EL SUR, publicar en este blog los escritos del maestro Luis Capriotti (actor, escritor, dramaturgo, periodista, enorme y talentoso artista villense, amigo).

Estos textos los fue publicando en el semanario Tiempo que se editó en Villa Constitución entre 1991 y 1993, aunque Luis sólo colaboró durante el primer año.

El que presento hoy apareció el viernes 19 de septiembre de 1991, en una edición del semanario donde en tapa se reflejaba el categórico triunfo de Jorge Malugani en su primer reelección como intendente. Cabe recordar que Luis fue secretario de Cultura de esa gestión.

Este texto tiene dos particularidades, por un lado aparece en el una de las pocas menciones que Luis realizó públicamente sobre su ex esposa (aunque sin mencionar su nombre), una actriz que luego se radicó en México. Por otra parte expresa su amor por los gatos y se manifiesta crítico para con los perros, actitud que luego cambiaría cuando llegara a su vida “Viernes”, un terrier que sería su gran compañero.

Queridos amigos, nuevamente Luis Capriotti con Uds.:







SERES SUPERIORES QUE NOS MANTIENEN A DISTANCIA


Durante  años no me dijeron ni fu ni fa.
Las hubo en el campo de mi infancia y en la ciudad de mi adolescencia. La tradición de una gata blanca generación tras generación, a quienes mi padre alimentaba y mimaba a la hora de las comidas.
A mi me miraban con ese aire de hembra superior que tienen y me mantenían a distancia como hembras demasiado hermosas, claro a esa edad ese tipo de mujeres me asustaban y por lo tanto las des­preciaba.
Al irme de la casa paterna perdí noticias de los gatos domésti­cos. .. es más me importaban un carajo: el comedor con sillas de Viena, mí cama de hierro forjado o la foto de tía Dominga.
Los gatos aparecían en “Rayuela” de Cortázar y la Maga que no era ni superior ni hermosa les rascaba el lomo y uno tuvo algunas Magas con minifalda y medias negras pero de gatos ni ahí.
En Palermo había gatos, y gente que les daba de comer, nuestro departamento era muy chico para un perro, mi mujer decidió que el olor a pichí de gato era espantoso por lo tanto ningún "micho" habi­tó el bulín de la calle Paraguay que no fuera unas sospechosas pin­tora naif que colgaban de las paredes.
Pero uno siempre vuelve y la casa paterna seguía conteniendo el comedor con las sillas de Viena, mi cama de hierro forjado, la foto de la tía Dominga, un padre de ojos azules que se iba tranquilo pero se­guro a la vejez que acompañaba dignamente.
Una gata blanca, ¿cuántas generaciones después? ¿hija de quién? Eso sí superior, demasiado hermosa, distante, con este humano extraño que pintaba casualmente las paredes de blanco, escuchando Mozart a todo volumen, que llenaba la casa de libros tentadores pa­ra arañarlos sin lástima.
Ese humano que hablaba mal de las mujeres pero extrañaba cier­tos ojos al mirar los suyos cargados de un misterio a rayitas.
Y esa masa blanca parió una noche tormentosa otra masa blan­ca. Las dos enroscadas en una canasta armaron un plan para que el humano de los anteojitos redondos se enamorara de ellas.
Después de todo ya no le tenía miedo a las hembras superiores y hermosas, y encima contaba con libros suficientes para afilarse las uñas de por vida, lástima la música de ese tal Mozart.
Y el humano se enamoró de ellas, las tuvo sobre las piernas ante un fuego de leña, se las aguantó a los pies de la cama, las retó cuan­do intentaban destrozar un Quijote del Siglo XVIII.
Y llamo al doctor Nito Ramallo a cualquier hora aprendiendo con el que no son adornos, son seres, y muy especiales. Que fueron respetados y amados en todas las civilizaciones primitivas; que fueron robados a los egipcios para ser llevados a Grecia salvando las co­sechas; que aprendieron a tapar sus excrementos durante la Edad Media para cuidarse de la perseverante persecución de la Iglesia, que los consideraba representantes del Diablo ya que veían de noche o vivían con sospechosas mujeres independientes... después quemadas como brujas.
El ser humano dependiente de las gatas blancas de mi casa averiguó que la peste Negra famosa se debió en parte a la casi extinción de los mininos; que nos les gusta la música a mucho volumen; traen suerte, se dan cuenta de todo te que pasa en la casa y por lo tan­to odian las discusiones; no les interesa la muerte como a esos seres histéricos: los perros ¿será que ellos tienen la verdad da la vida y la muerte?                              
Y   ahora en mi cata sigue la tradición de la gata blanca, y como a mi edad me encantan las hembras con aire superior y demasiado hermosas todo anda bien, lástima que se pone nerviosa con los tacos altos de ciertas visitas.

Pero con las diosas hay que hacer concesiones… aunque nos mantengan a distancia.

viernes, 20 de mayo de 2016

Luis Capriotti y las elecciones de 1991

En septiembre de 1991 los santafesinos votamos por primera vez con la confusa y denostada Ley de Lemas, técnicamente denominada Ley del doble voto simultáneo. La danza de nombres que se postularon para los diversos cargos públicos fue ocupando el escaso espacio del que disponía el único medio gráfico que por entonces tenía Villa Constitución: el semanario TIEMPO, tan nombrado en este blog.


De todas maneras siempre había lugar para los escritos del maestro Luis Capriotti y en este trabajo de recuperar todo el material posible de este artista local, hoy nos ocupamos de la publicación que realizó en el Nº 18 del mencionado semanario, que salió a la calle el viernes 6 de setiembre de 1991. 

El título hace alusión a un gran amigo, Rubén Villanueva, “el colorado”, quien por entonces estudiaba museología en Grecia y aparecía en la página 8, que también acompaña esta entrada como documento imperecedero.


CARTA ABIERTA AL COLORADO VILLANUEVA QUE NO VOTARA ESTE AÑO

Por Luis Capriotti

Querido Colo:

Vos no leerás esto. Puede ser que algún amigo común envíe el recorte a esa Grecia donde te fuiste a estudiar por un tiempo. A comprobar las proporciones que te enseñaron en la Universidad, a ver el para siempre celeste Mediterráneo con la voz de Irene Papas, extrañando como loco ese marrón grisáceo del Paraná que no entendiste durante tanto tiempo con la voz de la Ramonita.

Hace diez años que nos conocemos. Vos eras tan joven que me preguntaste ¿Cómo es votar? ¿Qué hay que hacer?

-Pensar Pibe- pensar... frase pobre para una calle Colón de tierra, para un setiembre del 82 con una luna llena así de grande con una diferencia de edad tan grande como la nuestra. Mi adolescencia contra tu jardín de infantes y de cuadrillé y flequillo.

Y te diré la peor. Yo no creía: Había visto al viejo Troilo charlando con mi papá como cualquiera, otros señores extraños, uno se murió y lo velaron en el salón municipal, ya invadidos por el espanto, la petulancia, la soberbia de los colaboracionistas que quieren volver como en la canción de “Sui Generis”. La nada, con tanta diferencia de edad y experiencia yo tampoco sabía bien cómo era eso de votar.

Estarás fotografiando cariátides y haciendo estudios profundos de columnas.

Todo es blanco en Grecia y a pesar de Antony Quinn todo es limpio.

Aquí se ensucia todo. Gente que te mira de reojo porque pensás distinto. En las calles se pintan los frentes, nombres de improbables intendentes aparecen con pinturas sintéticas, pinturas que solo la lluvia, el sol, el tiempo borrarán (para tu profesión ¿cuánto tiempo exacto llevará en limpiarse las paredes?) (Mi profesión dice que primitivo y efímero es el orgullo que debe sentir cierta gente en ver su nombre en letra impresa). Me mandás a decir que extrañás un par de cosas: El vino blanco, nuestro diarios, Mirtha Legrand, Las Palmeras de Boulevard Oroño, la gorda tetona del kiosko de Entre Ríos, las pizzas del Colorado Ricci, la bibliotecaría afónica, mis sanatas,  el pollo al vino de tu vieja, China Zorrilla, Lito Nebbia y el clima pre electoral que estaremos viviendo.

No te engañes Colo. Este clima es distinto al que vivimos en los 80. Todo suena a: ¿Qué dicen esos tarados? No me como ninguna. No te creo nada!! (a Coppani no lo conocíamos).
Ahora me toca a mi vengarme con el voto...

Haceme caso Colo: el domingo 8 andá al Consulado Argentino hacete sellar el documento, no escuchés la sarta de boludeoes que dicen los argentinos presentes, esos que prefieren morirse de hambre allá, volvé tranqui por alguna calle blanca que baje al Mediterráneo.
Si te sobran algunas rupias llamame tipo cinco de la mañana del lunes para vos, aquí serán las 12 yo terminaré mi laburo de periodista, me tomaré un vino blanco y te contaré como están las cosas.

Como que Colón tiene pavimento porque Bastino peleó y luz porque el Polaco peleó y andá saber qué tendremos, qué tendremos con el próximo... pero pudimos… ¿Viste, que no era tan complicado? Era cuestión de pensar como te dije acá en un setiembre con viento norte.
Cuídate mucho, volvé pronto, escapale a los colaboracionistas como a la vista de la serpiente, no comás porquerías y perdonado a este veterano careta que casi, casi aprendió a votar con vos.

Un abrazo Luis.

P.D.: La misma luna alumbra calle Colón, a pesar de las luces nuevas, mansiones nuevas, ideas nuevas…

¿Cómo es la luna en Grecia? Aquí nunca pudieran prohibirla los colaboracionistas ¿vos me entendés no?

"La Casa", un relato sobre la pandemia de Covid 19

En la entrada anterior de este blog conté que 2021 participé con dos obras del "22º Encuentro Provincial de Poetas y Narradores" e...