jueves, 3 de febrero de 2011

Editoriales

En la actualidad estoy cubriendo vacaciones en Diario El Sur de Villa Constitución (mi ciudad). Además de la redacción de notas, entrevistas, corrección de los escritos de mis compañeros tengo a mi cargo la responsabilidad de escribir el Editorial del medio. A continuación reproduzco los correspondientes a las ediciones 792 (martes 25 de enero),  793 (viernes 29) y 794 (1º de febrero). Ilustro con algunas fotos de la redacción trabajando sobre el cierre de edición.


La campaña política inmersa en un vacío de ideas
La invasión del espacio público a medida que avanza la campaña proselitista se torna cada vez más agresiva. Se violentan así tanto las normas de convivencia urbana como las mismas ordenanzas que deben regularlas. Por supuesto esto genera una verdadera guerra de denuncias y acusaciones, algunas de ellas públicas y otras más bien veladas que se dirimen fuera de la vista y el conocimiento del ciudadano. Pero unas y otras no son más que la acabada demostración de la escasa consideración que la clase política tiene del resto de la comunidad.
Pareciera que es más importante la imagen callejera que el debate serio de ideas y proyectos. Y en base a ello se somete a toda la población a la contaminación visual cuando no a los riesgos de pasacalles sueltos cuyos armazones y amarres son un peligro claramente demostrado por múltiples accidentes. Además de los desperfectos que ocasionan en el alumbrado público, los que debemos sufrir – y pagar- todos los ciudadanos. A esta situación se le suma la pegatina indiscriminada y las disputas –a veces violentas- por las paredes a pintar. De esta manera la ciudad, año a año, suma capas de engrudo, pintura, papelerío y metros de sogas adheridas a postes y columnas.
Para evitar estos excesos existen ordenanzas que al parecer son olvidadas por sus propios autores o por quienes deben hacerlas cumplir. Lamentablemente esta anomia no es un hecho casual ni forma parte del folclore electoral. Es la demostración de un vacío de ideas, de la carencia de  proyectos sustentados desde el trabajo, la imaginación, el compromiso y la creatividad. Es la evidencia que desde algunos sectores políticos se estima que es más importante el nombre de un candidato que las propuestas. Se nos muestra en forma insistente el “quien” pero sin darnos a conocer ni el “que” ni el “como”. Mientras de este lado nos preguntamos “para qué”.
Quedará entonces en nosotros, como ciudadanos, demostrar que el verdadero convencimiento llega con la expresión de ideas concretas y no con la danza insustancial de las publicidades callejeras. Exijamos el debate, la difusión de los proyectos, la discusión sana y productiva, la presencia de los candidatos en los barrios, las instituciones. Que salgan, digan, hablen, propongan con coherencia y sustento. Y entonces sí, con elementos para el juicio y el análisis, el pueblo sabrá votar. Caso contrario el voto seguirá siendo un castigo y no un aporte a la construcción colectiva.


Bienvenida la militancia
La política es la única herramienta posible para articular proyectos, cambiar realidades, construir una sociedad. Y como tal, es decir como herramienta, es valiosa en si misma pero también las consecuencias de su manejo dependerá de los objetivos y, a la vez, capacidades, de quienes la utilicen. Puede servir para tender puentes o derribarlos, abrir puertas o cerrarlas según el caso. Pero nunca debe entenderse como algo nocivo, putrefacto o inútil. “La política es sucia”, “La política es mala”, “Mejor no te metás”, fueron mensajes articulados desde sectores del poder desde el retorno de la democracia, y que se acentuaron con mayor fuerza en los años del neoliberalismo. Lógico, a estos sectores la escasa participación popular les resulta redituable y provechosa. Al descrédito de la política se sumó el desmantelamiento de la educación y la banalización cultural porque un pueblo que no piensa ni participa es fácilmente manejable.
Pese al enorme poder económico y coercitivo de esos sectores no pudieron nunca contrarrestar el trabajo incansable y permanente de los militantes, ya sean partidarios, estudiantiles, gremiales, sociales y todos aquellos cuyos ideales los impulsaron una y otra vez a arriesgar sus vidas por la causa en la que creían, fuera cual fuera. Así reconstruyeron la memoria, convocaron a la participación, ilustraron a quienes fueron tomando la posta que dejaban. Por eso es saludable para la sociedad ver como esos ideales se mantienen vigentes y hoy día empiezan a tomar nueva fuerza. La conformación de una renovada Juventud Peronista en nuestra ciudad es una muestra de ello. Pero no es el único caso, se ve en todos los partidos una mayor participación juvenil, entusiasta y apasionada. Tal vez no alcance aún a los niveles de principios de los 80, pero es un sano indicador. Es la demostración que aquellos mensajes que buscaban erosionar la política se agotaron en si mismos y que nuevamente el trabajo militante, de hormiga, se impuso con su verdad. Sólo resta que a los militantes se los reconozca en sus propias agrupaciones, se les dé el lugar que les corresponda y que sean los encargados de revitalizar los partidos políticos. Así ser recuperará definitivamente a la Política como la herramienta de transformación que nunca debió dejar de ser.


Utilización de  los espacios públicos como política de estado
La utilización de los espacios públicos por parte de los villenses es una sana costumbre que siempre caracterizó a nuestra ciudad aunque en general nunca se hayan instrumentado políticas organizadas y planificadas a largo plazo basadas en esta ideosincracia tan particular. Desde hace décadas los jóvenes se adueñan del centro por las tardes, las familias del puerto los domingos y así podríamos citar varios ejemplos. Todo un potencial desaprovechado salvo por esporádicas propuestas culturales y artísticas presentadas en forma discontinua. La necesidad de los vecinos de una oferta de esparcimiento más amplia y variada se ve evidenciada en cada actividad organizada al aire libre, especialmente el denominado ciclo peatonal y el Pre Cosquín, únicos espectáculos con  permanencia en el tiempo.
Hasta el momento era muy poco lo ofrecido desde el ámbito oficial para satisfacer tanta demanda de la comunidad. Una saludable excepción es el “Cine bajo las estrellas”, tanto por lo original de la propuesta como por permitir la utilización integral de un predio que el común de la sociedad está haciendo suyo. Además significa la revalorización del cine y la posibilidad de recrear los lazos sociales al compartir entre vecinos una experiencia en común. La masiva respuesta del público certifica la avidez de parte de la mayoría de la población de este tipo de iniciativas. De lograrse que su realización se extienda en el tiempo y se transforme en un acontecimiento habitual se habrá dado un paso fundamental para desarrollar un política organizada que satisfaga la necesidad de los villenses.
Es importante que desde las autoridades se tome debida nota de este hecho y se entienda que no debe ser algo aislado y circunstancial sino que en base a ello se deben implementar políticas que lleven las actividades culturales y recreativas a los espacios públicos. Estas prácticas deberían coordinarse entre todas las áreas municipales que involucren cultura, deporte, turismo y recreación. Sumando a su vez a las instituciones de la ciudad que puedan ser partícipes del proyecto, en especial para que logre realizarse un cronograma común que evite dispersión de esfuerzos y superposición de acontecimientos. Sería este el ideal, lo importante es comprender que las políticas públicas para que perduren, alcancen sus objetivos y sean realmente exitosas implican trabajo en conjunto y nunca esfuerzos aislados.

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