miércoles, 6 de marzo de 2024

"La Casa", un relato sobre la pandemia de Covid 19

En la entrada anterior de este blog conté que 2021 participé con dos obras del "22º Encuentro Provincial de Poetas y Narradores" en el marco de la Feria Regional del Libro de Villa Constitución. Esos textos fueron: "La Casa" y "Puertas", este último obtuvo la Mención Especial del Jurado, pero ese ya lo publiqué aquí mismo. Ahora es el turno de compartir el primero, un relato que transcurre en plena pandemia de Covid 19, en algún momento de 2020.





La casa

Ironía del destino, siempre aborreció la casa, desde que se mudaron a ella cuando apenas era un adolescente. En realidad, le temía, era una sensación extraña, indefinible, había ciertos lugares en los que se le erizaban los cabellos y un escalofrío la recorría el cuerpo. No siempre era en el mismo sitio y en los mismos momentos del día. Pero cada tanto allí estaba esa sensación. Aparecía y se iba. Y eso lo asustaba. Por suerte, en aquellos primeros tiempos en la casa, estaban las invitaciones para dormir en la de algunos de sus amigos; después llegó la etapa de la facultad y se fue alejando. Y también estaban sus padres, pocas veces estuvo realmente solo en la casa.

Salvo aquella vez...

Pero no quería recordarlo, menos ahora que estaba de nuevo en la casa, un regreso circunstancial que de pronto se convirtió en una estadía prolongada e incierta. La pandemia lo obligó al aislamiento y en soledad. Sus padres estaban en una situación similar en casa de sus tíos, allá en Córdoba. Y el aquí. Solo en la casa. Como aquella vez... Unos 10 o 12 años atrás... Pero eso era algo que no quería recordar...

Se obligó a comer algo, pero el aroma de la pizza recalentada no lo tentó, tenía un nudo en el estómago. Sentía una aprehensión que lo atenazaba. Un olor antiguo, como de una humedad densa y palpable lo alcanzó, venía desde el fondo de la casa, desde una de las habitaciones que se destinó a depósito de aquellas cosas sin uso pero de las que la familia no quería -o no podía- desprenderse. Le decían la "pieza de los cachivaches". Y de allí provenía ese olor en principio tenue pero que parecía aumentar con el correr de los minutos.

Ese olor se mezcló con sus recuerdos, acicateados por la soledad y el encierro. Sintió la necesidad acuciante de salir, de huir, de buscar el aire libre y fresco del otoño. Afuera se escuchó el paso de un rondín instando a mantenerse aislado, a quedarse en casa. Poco a poco se extendían las primeras sombras anticipando la noche que no tardaría en llegar. No sabía qué hacer. Decidió encerrarse en su pieza, un encierro dentro del encierro. Aquella vez le sirvió, pero sabía que no sería igual, demasiadas cosas habían cambiado.

Aquella vez también estaba solo, sus padres habían salido. Era un día caluroso, afuera el sol castigaba con fuerza la calle gris y desolada, pero dentro de la casa el ambiente era agradable. No hacía calor, todo lo contrario. Nunca supo o no pudo recordar cuando comenzó el frío, primero advirtió un olor raro y se le puso la piel de gallina mientras miraba televisión. Luego sintió como si una mano fría se le apoyara en el hombro y ese frío le invadió todo el cuerpo. Un súbito ataque de terror lo paralizó, sentía la opresión sobre su hombro, demasiado firme como para ser solo una sensación.

Con un esfuerzo indecible, pese al miedo, giró su cabeza para ver quién lo sujetaba. No había nadie, pero la sensación de la mano sobre su hombro persistía. Saltó del sillón, las piernas le temblaban, jadeaba ahogado por el temor, sudaba y  no podía salir de allí. Sintió que iba a desmayarse, cuando de reojo vio un extraño movimiento en la puerta que daba al pasillo que comunicaba el living con las habitaciones. Fue una sombra fugaz, oscura, con cierta forma humana, que desapareció rápidamente. Entonces, tomó fuerzas y en lugar de huir de la casa se encerró en su pieza a rezar, a pedir ayuda divina, en ese tiempo era creyente y un puntual asistente a misa, todavía creía en Dios. Por eso sabía que ahora todo era distinto, ya no tenía fe ni nada que lo protegiera de las sombras y el frío.

Luego de aquella vez los encuentros con la sombra y el frío continuaron esporádicamente, aunque solo ocurrían cuando estaba solo, siempre precedidos por ese extraño olor. Ya no hubo un contacto palpable, todo se reducía a la súbita sensación de frío y a percibir -siempre de reojo- el movimiento oscuro en algunos de los rincones o puertas de la casa. Pero ello no alejaba el miedo. Finalmente, fue el quien se alejó de la casa, a estudiar arquitectura, con pocos regresos, hasta ahora que estaba otra vez solo y asustado.

Encerrado en la escaza protección de su pieza, sin poder rezar, sin esperanza de una ayuda sobrenatural, sintió frío de nuevo y un cansancio agobiante; pese a su juventud se sentía muy agotado, como si la casa le hubiera succionado todas sus fuerzas. Algo luchaba en su interior y peleaba por reprimirlo, algo que no quería recordar, algo que supo o intuyó aquella primera vez. Entonces el recuerdo fue más claro, más nítido, además del frío, el olor, la mano fantasmal, aquella vez hubo un susurro, una voz apenas audible, un mensaje que el miedo sepultó y que el horror le obligó a olvidar.

Entonces las sombras aparecieron en la habitación y lo rodearon. Pero ya no tenía miedo, solo resignación. Había recordado el mensaje susurrado: -Te elegimos. Algún día vendrás con nosotros, algún día serás como nosotros.

Desde aquel momento la casa tuvo una sombra más en sus rincones y un poco más de frío en su interior. Afuera, el rondín insistía en recordar: -Quedate en casa.


"Puertas", un relato sobre marzo de 1975

En 2021 participé con dos obras del "22º Encuentro Provincial de Poetas y Narradores" en el marco de la Feria Regional del Libro de Villa Constitución. Esos textos fueron: "La Casa" y "Puertas", este último obtuvo la Mención Especial del Jurado. Me parece oportuno compartirlo ahora que se está llevando adelante el juicio por la rerpresión ocurrida en Villa Constitución en marzo de 1975 porque está basado en esos dolorosos momentos que atravesamos los villenses en aquellos tiempos, un año antes del golpe de estado de 1976, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón "Isabelita". 



Puertas

Corría, en la noche oscura y fría, corría. Tenía miedo. Podía sentir en el aire el olor de su propio miedo. Corría pegado a las paredes, buscaba alguna puerta abierta, pero todas las puertas estaban cerradas, soldadas por el miedo. No como las puertas de sus compañeros, esas puertas estaban destrozadas, se las abrieron a patadas. Todavía escuchaba el estallido de las maderas. Ahora esas puertas eran bocas oscuras, que no podían hablar.

Y a sus compañeros se los llevaron… Apenas los conocía, hacía tan poco que había llegado. Compañeros que conoció en la fábrica, en la covacha, como llamaban al lugar donde compartían el mate en el descanso. La fábrica, tan distinta a todo lo que conocía…

Gritos que llegaban de todas partes lo devolvieron a la realidad, al miedo, a la carrera ciega en el frío de la noche de ese otoño incipiente. Se olvidó de la fábrica, buscó en su mente un posible destino, no lo encontró. No conocía la ciudad, hacia tan poco que había llegado y todo era tan distinto a su pueblo de amplios paisajes, su pueblo ahora tan lejano.

Y sus compañeros, con sus puertas destrozadas, y los gritos, los perros, los tiros, ¡Cuántos tiros!, nunca escuchó tantos, y tan cerca. Siguió corriendo, el miedo le impregnaba la piel. Y los tiros seguían, los gritos también… y el ruido de las puertas destrozadas. Un ruido que la recordaba la caída de los quebrachos en el monte cercano a su pueblo.

Su abuelo fue hachero, pero el quería otra cosa, dejó el pueblo y vino al sur de Santa Fe para ser obrero. Su abuelo tiraba quebrachos que caían con un ruido parecido a las puertas destrozadas de sus compañeros. Pero su abuelo murió, y su escaza familia estaba lejos. Y ahora estaba solo, corriendo en la noche, y tenía miedo, mucho miedo. Ya casi no podía respirar, pero seguía corriendo, buscando una salida a esa noche de terror.

Corría entre las casas bajas, de techos planos, y recordó que con algunos compañeros estuvieron en una techada, ese ritual que en su pueblo no conocía, allá las casas no tenían estos techos, las casas eran distintas. Recordó el pasamanos de baldes con la ‘porlan’ y el asado en medio de la techada. Y esa casa que ayudaron a levantar ahora no tenía puerta, la habían destrozado a patadas los hombres que llegaron en tantos autos que no se podían contar.

Hombres que tenían armas que nunca había visto, que tiraban tantos tiros que ensordecían. En el monte, allá en su pueblo, se escuchaban de vez en cuando los escopetazos de los cazadores, pero esto era distinto, eran muchos, demasiados tiros, unos tras otros. Y siguió corriendo…

Y recordó el río, una ráfaga de aire húmedo le trajo el olor de la costa, olor a barro y camalotes. Y recordó la canoa de “el gringo”, ese compañero  rubio que en la fábrica siempre hablaba de su canoa, de la isla, de los fines de semana de pesca y ranchada. Si llegaba al río, si encontraba la canoa, a lo mejor podía escaparse. Se aferró a esa esperanza.

De pronto el piso desapareció y se encontró rodando entre árboles y yuyales, algunas espinas le desgarraron los brazos. En la noche, en la desesperación, enceguecido por el miedo, no se dio cuenta que había llegado hasta la barranca y ahora caía, rodaba, hacia el bajo. Logró detenerse, se incorporó con dificultad, le dolían los golpes de la caída, las heridas de las espinas y el pecho por el enorme esfuerzo de la carrera.

El lento y rítmico golpe de las aguas contra la ribera, el aire denso y húmedo de esa primera noche del otoño, le revelaron que el río estaba muy cerca. En la cerrada noche poco se veía, pero se dejó guiar por el sonido del río, caminó como un borracho, se sentía mareado y confundido. Recién en ese momento pudo tomarse un tiempo para intentar entender qué pasaba. Fue entonces que le pareció ver una canoa en la orilla, iba a correr hacia ella cuando escuchó de nuevo un ruido duro y seco, como el de las puertas destrozadas.

Y cayó sobre el barro, con los brazos extendidos, como intentando volar hacia aquel pueblo del que había llegado hacia tan poco tiempo. A comienzos de este marzo fatal.

La sangre, su sangre, se mezcló con el agua turbia del Paraná, pero nunca lo supo.

 

El 20 de marzo de 1975 Villa Constitución, este taco de la bota santafesina, fue el laboratorio donde se probaron los virus del miedo que un año después se inyectarían en la sangre de todo un país. Virus como el "no te metas", "algo habrá hecho", "a cualquiera le puede tocar", extendieron una epidemia de terror y nos sumieron en una larga cuarentena que nos encerró sobre nosotros mismos para evitar la muerte que rondaba por las calles.

En aquella primera noche fatal, cuando Villa Constitución fue inundada de Falcon verdes y vehículos de todas las fuerzas de seguridad, la muerte y el terror reptaron por cada calle. Se sumaron decenas de detenidos, muertos y desaparecidos. Cuentan que entre ellos hubo algunos que nunca se registraron oficialmente, jóvenes llegados desde otras provincias a trabajar en la industria metalúrgica, sin familia, tan nuevos en la ciudad que eran desconocidos, por lo que nadie reclamó por ellos. La historia precedente está inspirada en esa historia anónima.


lunes, 4 de marzo de 2024

14 de Febrero de 2024: 166º Aniversario de Villa Constitución

 


Carnavales eran los de antes

Por Ariel F. Gómez

Este año las celebraciones de carnaval y del día fundacional de Villa Constitución quedaron unidas en tres jornadas consecutivas, por tal motivo me pareció oportuno unir ambas fechas festivas y recordar cómo se vivía años atrás en nuestra ciudad la fiesta del Rey Momo. Conté para ello con el aporte fotográfico de Roberto Fernández “El Cordobés”, a excepción de una de las fotos que es de mi archivo personal.

 

EL AUTOR DE ESTE TRABAJO JUNTO A SU HERMANO MENOR EN LOS CORSOS DE FEBRERO DE 1975 EN BULEVAR DORREGO.


“Carnavales eran los antes”, solían repetir los nostálgicos cuando asistían a algunos de lo corsos de nuestra ciudad de los años 90, rememorando los festejos de décadas anteriores. Hoy bien podemos reiterar esa frase ya que los esplendorosos corsos de antaño son solo apenas un recuerdo. Bien vale traerlos a la memoria en esta fecha donde el feriado de carnaval se une a la fecha fundacional de nuestra ciudad que este 14 de febrero cumple 166 años.

En lo personal, tengo muy grabados algunos corsos que presencié en distintos momentos de mi vida, y en uno ellos, como lo muestra la fotografía, también participé con mi disfraz, porque si señoras y señores, antes nos disfrazábamos -o nos disfrazaban- para carnaval. Así que allí estoy, con 9 años, junto a mi hermano Norberto, de 3. Ambos vestidos de cowboy. Mi hermana de 6 estaba disfrazada de japonesa, con kimono y abanico (también hay foto pero se las debo)

Esta participación fue en los festejos de carnaval de febrero de 1975, realizados en Bulevar Dorrego (así se le llamaba por entonces). Pese a los convulsionado de aquellos años violentos, fueron unos corsos multitudinarios y debieron ser lo suficientemente importantes para que mis padres nos disfrazaran así y nos fotografiaran orgullosamente.

Esos corsos tenían carrozas, cabezudos, murgas y comparsas, en aquellos tiempos dos de la más importantes en Argentina eran las correntinas Yasi Berá y Ará Berá, que desfilaron por las calles villlenses entre tantas otras, ya sea locales, regionales o de renombre nacional. También había espectáculos en un escenario montado en la esquina de Dorrego e Ing. Acevedo, donde hoy está Mi Casita. Ese es el primero de los corsos que recuerdo, avalado por la foto que comparto aquí.

Sin dudas eran enormes fiestas populares, de asistencia casi obligada. Y se repetían en toda la zona, eran famosos, entre otros, los de Máximo Paz y Acebal.

 

“EL NEGRO”, LUIS ÁNGEL RÍOS JUNTO A SU ESPOSA EN UN ALTO DE LA CONDUCCIÓN DE LOS CARNAVALES DE AV. SAN MARTÍN A PRINCIPIOS DE LOS ’90.


Inolvidables personajes locales

Los carnavales de Villa Constitución dejaron gran cantidad de participantes que hicieron historia y vale la pena recordar.

Si de murgas y comparsas se trata, imposible no mencionar las locales “Los Indios”, de calle Colón, cuyos integrantes marchaban semidesnudos, vestidos apenas con un taparrabos, con los rostros y el cuerpo pintarrajeados, plumas en su cabeza, lanzando feroces gritos de guerra, precedidos por un lanzafuegos y llevando prisionero a “un cara pálida”, el cual caminaba maniatado y con una soga al cuello. Esta murga, con el lógico recambio generacional tuvo presencia en los corsos durante décadas.

Otra inolvidable -al menos para mi- fue la muy bizzara y cómica “Agachate Y Verás”, conformada por vecinos de barrio Stella Maris, con hombres entrados en años, de carnes muy generosas que vestían mallas de mujer y tenían sus traseros pintados con todo tipo de dibujos. Llevaban una Reina que era la antítesis de lo que se consideraba belleza, adulta mayor, de sonrisa desdentada y también muy robusta, que saludaba al público sentada en un humilde trono. Con mucho humor parodiaban a las tradicionales comparsas y llenaban de alegría la Av. San Martín.

También es necesario mencionar a una figura villense que a principios de los ’90 se esforzó en revivir al dios Momo y organizó los corsos en Av. San Martín. Quién no lo recuerda con sus sacos de colores estridentes, su eterno humor y su parla incesante: “El Negro” Luis Ángel Ríos. Fue el encargado de traer de nuevos los carnavales después de años de ausencia. Genio y figura, organizaba y animaba los carnavales con un carisma difícil de igualar.

Creador y conductor del programa televisivo “Universo Tropical”, en los corsos se encontraba en su hábitat natural. Su trágica muerte en un siniestro vial en 1998 lo tomó trabajando para recuperar el esplendor del viejo club “14 de Febrero”.

Volviendo a los corsos, Dorrego fue una de las arterias junto con Av. San Martín más utilizadas para ellos, aunque los últimos de importancia que tuvo nuestra ciudad, en 1997, fueron sobre Av. Presidente Perón (Chapuy). Cabe acotar que más allá de ser fechas festivas, su organización siempre despertó polémicas y quejas de comerciantes y de vecinos, los primeros por la competencia desleal de quienes montaban sus puestos de venta con escasos controles municipales, los últimos por el estado en que quedaban sus frentes, muchas veces utilizados como mingitorios. 

 


LAS COMPARSAS LE DIERON BRILLO Y UN TOQUE EXÓTICO A LOS CORSOS DE VILLA CONSTITUCIÓN A LO LARGO DE LA HISTORIA. 


Cuando el carnaval era una fiesta

Pese a dichos y entredichos, el festejo de los carnavales a través de los corsos siempre despertaba gran entusiasmo, especialmente desde comienzos y hasta mediados del siglo pasado donde las diversiones eran escasas.

El escritor local Guildo Corres en su cuento “Las dos bodas de Chacho Giménez”, que tiene por ámbito los carnavales de la década de 1930, los retrata de la siguiente manera:

“Hasta ese precario paradero llegaba el bullicio que indicaba la iniciación de los corsos en aquel sábado de carnaval.

Los vecinos de la parte céntrica del pueblo se aprestaban alegres y despreocupados para reunirse en el perímetro de las tres cuadras de la coquetona Avenida San Martín, centro de los festejos. Por las calles de acceso a los ranchos marginales de la barranca nutridas falanjes de sus moradores se aprestaban para hacer lo mismo. Pasaban en animado parloteo, mujeres de edad portando sillas de paja para contemplar sentadas con toda comodidad ese suceso tan esperado durante largos y tediosos meses. Pescadores, estibadores portuarios, isleños recién llegados desde el otro lado del rio, venerables comadres acompañadas por sus críos, una infinidad de chiquilines mocosos y casi todos descalzos, parloteando excitados al divisar ya de lejos el cegador resplandor de las luces y el rumor incesante de la multitud ya reunida”.

 

El Dios Momo en los barrios

No solo fue la zona céntrica sitio de festejos carnavaleros, los barrios y los clubes como Riberas del Paraná, Porvenir Talleres y 14 de Febrero tuvieron míticos bailes para esas fechas.

El profesor Carlos Montini en su libro “La República” recuerda los de barrio Talleres, pero en general sirve como ejemplo de cómo se celebraban por entonces los carnavales a mediados del siglo XX:

“Comenzaban a las 22 hs. con una salva de bombas y finalizaban ala 1 también con disparos de bombas de estruendo.

Festejar los carnavales representaba tres motivos: los disfraces y máscaras, el juego con agua en las casas o calles, como también en el corso y luego en el baile. Los pomos eran de plomo, el olor del líquido era muy parecido al del agua florida. El papel picado siempre se encontraba en las manos de las personas, razón por lo cual siempre se debía tener la boca cerrada, ya que el papel no tenía muy buen gusto y ante la escasez de dinero a veces se juntaba del suelo.

Con anticipación se comenzaba con los preparativos de acuerdo con el dinero que se podía conseguir y si no lo había no era motivo para no disfrazarse, con una media en la cara, sacos prestados, cualquier cosa venia bien, sólo había que cambiar la voz y dar rienda suelta a la imaginación y a la alegría... Además, ser fantasma o linyera era común.

Las murgas se ponían en funcionamiento a la tarde. Sus instrumentes eran tachos, matracas, silbatos, maracas, etc... Recipientes con agua, escondidos y con alguna estrategia para tomar a las víctimas por sorpresa... Aquella que era solo espectadora del juego de los demás... Los globos multicolores llenos de agua también eran lanzados, siempre y cuando estuviesen bien inflados porque si no causaban dolor... Se arrojaban a todas las personas que se encontraban desprevenidas y a raíz de estos lanzamientos en muchísimas oportunidades algún mozo salía a defender a su dama y se terminaba en peleas”.

 


LAS VIEJAS COMPARSAS Y EL BRILLO DE ANTAÑO HOY SOLO SON UN RECUERDO MIENTRAS QUE HAY GENERACIONES QUE NO CONOCIERON ESTAS FIESTAS.


Carnavales de antaño en nuestras calles

Coincidiendo con Montini, el historiador Santiago Lischetti en su cuadernillo “Villa Constitución, anecdótica y pintoresca”, Tomo I, también destaca que en los carnavales: “Tres fueron sus características: los disfraces y máscaras, el juego con agua en las casas y calles, y los corsos.

Santiago Lischetti recordaba que “Con cierta antelación a la fecha, la gente aficionada comenzaba a preparar su disfraz; armábanse conjuntos —algunos orquestales—, comparsas y "murgas", poniéndose en juego todo tipo de ocurrencias, desde la "mascarita" grotesca de voz afectada para evitar la identificación, hasta la máscara elegante y distinguida remedadora de algún estilo histórico en su vestir y actuar, o de simple fantasía multicolor. El hombre tendía a disfrazarse generalmente con prendas del sexo opuesto exagerando hasta la comicidad ciertos atributos físicos de la mujer”.

 

La guerra de baldazos

“En los días señalados -continúa Lischetti-, apenas concluido el almuerzo, se ponía en funcionamiento en los barrios la "batería" de baldes, tachos y fuentones de todo calibre con lo que comenzaba la guerra del agua entre bandos femeninos y masculinos invadiendo la calle y suscitando un ir y venir a las fuentes proveedoras del líquido elemento, un impacto en el blanco constituía una victoria celebrada con gritos y risas estridentes, siendo una de las estratagemas tomar a la víctima a veces por sorpresa, víctima que era generalmente sólo espectadora del juego de los demás o interviniente desprevenida; durante las horas de juego, grupos de muchachos recorrían las calles en busca de contendientes, receptáculo en mano, portando asimismo globos de goma multicolores llenos de agua para hacer blanco en el momento oportuno. A las 18 la Comuna arrojaba bombas de estruendo anunciando que el juego debía darse por terminado quedando por ende prohibido molestar a transeúnte alguno”.

“Esta vieja costumbre de celebrar el carnaval con juegos de agua callejeros, produjo en el transcurso de su práctica muchos inconvenientes y hasta situaciones graves cuando eran agredidos quienes no participaban de la celebración recibiendo de improviso un baldazo de agua desde un zaguán o desde un balcón, transeúntes obligados a salir a la calle por circunstancias apremiantes o especiales, muchos de los cuales, ante la inminente preparación del ataque, solicitaban no ser molestados, sin obtener eco sus reiterados pedidos en tal sentido. El almanaque marcaba todos los años en rojo, sacrosantamente, los días dedicados a la locura carnavalesca”.

 

LOS CORSOS FUERON DURANTE MUCHOS AÑOS UNA DE LAS FIESTAS POPULARES MÁS ESPERADAS POR LOS VILLENSES.


Los corsos eran la fiesta más esperada

Lischetti recuerda que “el gran broche de cada jornada” eran los corsos “que empezaban a las 22 y se daban por terminados, también con bombas de estruendo, a la una de la madrugada, hora en que se iniciaban los "bailes de carnaval" en el Centro Español, Club Social, Sociedad Española y clubes deportivos.

“Una nutrida fila de carruajes de todo tipo -mecánicos y de tracción de sangre- recorría un circuito de varias cuadras en un ir y volver sobre la misma calle, o en torno de la plaza central como se hizo muchos años, adornados la mayoría con diversos motivos y para los que había instituidos premios, generalmente establecidos por la Comuna que, a la vez, cobraba entrada a los vehículos y "alquilaba" palcos centrales para disfrutar y participar del espectáculo. Desde los coches y desde los palcos de referencia -que los había también sobre las aceras- se entablaba un juego de serpentinas multicolores”.

 

Pomos y serpentinas

Matracas, pomos con agua, papel picado y serpentinas eran infaltables en los festejos. Estas últimas, según rememoraba Lischetti, eran tantas “que, en un momento dado, atascaba de tal manera los carruajes trabando y paralizando su desplazamiento, que se hacía menester salir a las calles laterales para limpiarlos del Impedimento papelero; también el papel picado tuvo auge en los últimos años del reinado de Momo cuando la serpentina clásica había ya casi desaparecido. Los pomos con "agua florida" hicieron época, reemplazándose décadas después por los globos de goma y artefactos plásticos”.

Viajando un poco más atrás en el tiempo, nuestro historiador señala que “En 1910 la Comuna prohíbe el juego con agua, siendo permitido hacerlo con "serpentinas, flores, caramelos, bombones y confites", penándose también el juego con huevos (vaciados y luego llenados con agua). "Los confites —dice una crónica de 1881— no son más que garbanzos o porotos con azúcar encima que deben prohibirse por el efecto de piedras que hacen sobre ni rostro de un prójimo".

 


LOS PREPARATIVOS PARA LOS CORSOS COMENZABAN MUCHO ANTES DE LA FECHA, A VECES MESES ANTES CON LA PREPARACIÓN DE LOS TRAJES.

 

El triste final de una fiesta popular

Lischetti puntualiza que “Los carnavales duraban, rigurosamente, sólo los días señalados para su celebración: domingo, lunes, martes y miércoles "de ceniza", luego el "entierro" representado muchas veces por un ataúd en andas, en el domingo último o sea el de esa misma semana.

Luego de la terminación del juego con agua a las 18 —como ya se ha dicho— por las entonces polvorientas calles de Villa —y años después de su pavimentación también— aparecían numerosas "mascaritas" sueltas o en grupos que, con sus ocurrencias, hacían las delicias de vecinos sentados en la vereda o de los que se asomaban al oír la algarabía de los chicos de la casa, pues muchos de ellos eran corridos intencionalmente por algún disfrazado al que rondaban pretendiendo arrancarle su vestimenta o su careta.

Para el final, entre tantas mascaritas, don Santiago rescata la siguiente: “Y, entre ellas, surge desde la penumbra de un tiempo que se fue, una figura singular y querida que todos los años al frente de una bullanguera y nutrida comparsa, vestido con prendas femeninas estrafalarias, un muñeco haciendo de bebé en el brazo izquierdo o, casi siempre un lechoncito vivo con bombachita y, dándose aire con una pantalla, regocijaba a la concurrencia marchando alegre, infatigable, risueño y ocurrente, con su pronunciada cojera de la pierna derecha producida por un accidente en el puerto donde trabajaba. Se le conocía por el apodo cariñoso de "Panduro" poro se llamaba Guillermo Knight, nacido en Norteamérica y fallecido en Buenos Aires; hablaba fluidamente el castellano y fue traductor muchas veces en nuestra Jefatura de Policía cuando era detenido algún tripulante inglés de barcos en nuestro puerto”

"Panduro es hoy el símbolo de un tiempo que pasó, del auge de hábitos celebratorios definitivamente muertos en la evolución de las costumbres de los pueblos, de un dios Momo que ya no tiene adoradores”, concluye Lischetti.

 


LAS MURGAS Y COMPARSAS, AL MENOS EN VILLA CONSTITUCIÓN, SE MARCHARON BAILANDO HACIA EL PASADO, PERO SOBREVIVEN EN EL RECUERDO DE MUCHOS VILLENSES. 


Desde el fondo de los tiempos

En 1992 se generó cierta polémica en torno a los corsos y la ya fallecida psicóloga, escritora y cantante Martha Báez, hizo su aporte a la discusión. Tomamos aquí un fragmento de una nota publicada en el desaparecido Semanario Tiempo, donde ahonda en la historia de los carnavales.

Para dilucidar la problemática, deberíamos remitimos a los orígenes del término, que tiene el registro de la memoria de la lengua. El lenguaje arrastra historia y, a partir de allí, podríamos llegar a descifrar lo que hoy pueden estar significando estos términos.

Carnaval (canelevare: carne y levare: quitar); carnevale, donde la carne vale; que sería una manera de decir darle placer a lo carnal. Originariamente el carnaval, era un período donde caía la ley y se permitía la transgresión, detrás del antifaz o careta. Las máscaras, servían para ocultar la identidad del sujeto al cual, oficialmente, se le otorgaba el permiso de “jugar” otra identidad. Es una fiesta de origen pagano que precede a la Cuaresma (período de ayunos y vigilias), en la cual se reinstala la prohibición. Esto de la carne - que tiene que ver con “lo carnal”- nos remite a todo aquello que se refiere a goces sexuales, falta de ley, desorden, despilfarro, falta de límites.

Es una ficción autorizada donde la gente juega en un tiempo limitado, de cuatro días, lo que (por el peso de la prohibición) no está permitido durante el año.

Por eso hay payasos, bufones, pistoleros, zorros, piratas, hombres que se disfrazan de mujer, gitanas brujas. A todo esto (en nuestra lengua) se le ha dado en llamar: Corso.

El término corso en el leguaje popular tiene la doble significación de locura o chifladura, por eso se suele decir: “este tiene un corso a contramano”. Tener un corso a contramano puede significar sufrir de una locura no estipulada como normal, no aceptada dentro de las reglas establecidas.

 




 

 

 

 



 

 


14 de Febrero de 2023: 165ºAniversario de Villa Constitución

 



14 DE FEBRERO 1858 - 1923

Villa Constitución y la curiosa historia de los nombres de sus calles





Por Ariel F. Gómez, periodista

Como en toda su historia, en nuestra ciudad hasta los hechos más simples, como bautizar una arteria, tuvo sus vaivenes, polémicas, reveses y cuestiones que rozaron lo ridículo. Lo más insólito es que numerosos vecinos cambiaron varias veces de domicilio sin moverse de su casa.

 

Recuerdo que cuando chico (tengo 57 años) mi abuela se empeñaba en seguir llamando Tucumán a la ya por entonces Av. Ingeniero Acevedo, creo que también le decía Buenos Aires a Lisandro de la Torre y Santa Fe a Hipólito Yrigoyen. Por entonces vivíamos en Mendoza y General López, en el centro villense y esas calles estaban cerca de casa.

Con estos recuerdos en mano, me propuse para este aniversario de Villa Constitución, ahondar en la historia de la nomenclatura de las calles villenses y, en algunos casos, los de sus curiosos cambios de nombres. Por supuesto, voy a recurrir como es habitual a la ayuda siempre necesaria de nuestro historiador local Santiago Lischetti.

La nomenclatura de las calles se inició en 1897. El 25 de agosto de aquel año la Comisión de Fomento bautizó con el nombre del prócer máximo Don José de San Martin a nuestra calle central, desde San Luis a 14 de Febrero (el ejido urbano de Villa Constitución no se extendía mucho más allá).

El 4 de octubre de 1901 la Comuna resuelve “dar nombre a las calles del pueblo dentro de los límites del plano de su fundación”. Se comenzó con las perpendiculares al río, de norte a sur las que quedaron nominadas como Rioja (hoy 14 de Febrero), Jujuy, Salta, Corrientes (Eva Perón), Buenos Aires (Lisandro de la Torre), Santa Fe (Hipólito Yrigoyen), Entre Ríos, Córdoba, Tucumán (Ing. Acevedo), Mendoza, San Juan, Santiago del Estero, Catamarca y San Luis. En aquel inicio del siglo XX calle San Luis, según expresa la resolución comunal era “la que limita con las antiguas chacras”. Es decir que era la finalización del poblado (Cilsa se instalaría en 1947).

Las paralelas al río fueron nombradas como Colón, General López, Sarmiento, Rivadavia, Boulevard General San Martín, General Belgrano, Moreno, Coronel Dorrego, General Urquiza, General Bolívar, Independencia, General Saavedra y Almirante Brown. Salvo Saavedra (hoy Presbítero Daniel Segundo), todas mantienen en la actualidad su denominación original.

 


LA HOY AV. 14 DE FEBRERO FUE RIOJA DESDE 1901, 14 DE FEBRERO DESDE 1933, PRESIDENTE PERON DESDE 1946 Y, NUEVAMENTE 14 DE FEBRERO DESDE 1955 A LA FECHA.


Mudarse sin irse de casa

No obstante Villa Constitución, vivió -y padeció- una constante modificación de nombres de calles con los consiguientes trastornos para vecinos y comerciantes que se vieron obligados a tramitar cambios de domicilio en sus documentos sin haberse movido de sus casas o locales. Inconvenientes y gastos que se duplicaron o multiplicaron cuando estas alteraciones de nomenclaturas ocurrieron más de una vez en cortos períodos de tiempo.

 

Veamos a un ejemplo:

“20 de mayo de 1933: Con motivo de celebrarse el 14 de Febrero de este año el 75 aniversario de la fundación del pueblo, la Comisión de Festejos solicita a la Comuna dar esa fecha como nombre a una calle de la población, y la misma resuelve entonces, “dar el nombre de 14 DE FEBRERO a la calle Rioja a partir del Boulevard San Martin hacia Saavedra, desde la fecha y hacer las comunicaciones del caso para su oficialización”. En 1946 este tramo se denominó PRESIDENTE PERON, volviendo a ser, en 1955, 14 de Febrero. Por lo tanto, fue: RIOJA desde 1901, 14 DE FEBRERO desde 1933, PRESIDENTE PERON desde 1946 y, nuevamente 14 DE FEBRERO desde 1955 a la fecha. Este último nombre fue trasladado en 1946 a la calle Tucumán, perdiendo esta su denominación que databa de 1901”. (Historia de Villa Constitución 1857-1978, de Santiago Lischetti).

Poco cuesta imaginar la sorpresa y la indignación de vecinos que tuvieron que realizar tres o cuatro cambios de domicilio en sus documentos o de los comerciantes que debieron modificar el mismo número de veces todos sus datos comerciales sin mudarse y por decisión de los funcionarios de turno.

Cabe acotar con respecto a 14 de Febrero en 1965 se decidió que este nombre abarcara toda la arteria, a partir de Colón, para evitar confusiones, así que las tres cuadras que habían quedado como Rioja también cambiaron su nomenclatura.

 

Cambios y más cambios

Los cambios siguientes, entre tantos otros, fueron, por ejemplo, los de calles San Luis. El 27 de noviembre de 1957 se decretó que pasara a llamarse Avenida Centenario como consecuencia de un pedido de la Comisión Ejecutiva de los Festejos del Centenario de Villa Constitución. Pero no fue toda la extensión de la arteria sino a partir de su intersección con Av. San Martín “hasta el límite de la zona urbanizada”, señalaba el decreto, luego se transformaba en Ruta Nacional 177, popularmente denominada “camino a Chapuy” puesto que llegaba hasta ese pueblo del departamento General López.

Pero Av. Centenario también cambió de nombre y ahora es Presidente Perón. Este fue una de las tres substituciones producidas luego de la recuperación democrática a raíz de proyectos presentados en el Concejo Municipal durante la década del 90. Los otros dos fueron el de Eva Perón a calle Corrientes y Presbítero Daniel Segundo a Saavedra.

Al respecto, bien señala Lischetti que “si bien se han producido substituciones, al fin y al cabo, las mismas no se han hecho sobre NOMBRES PROPIOS sino sobre REFERENCIAS HISTÓRICAS que no es lo mismo. Cuando en Villa se impuso por vez primera a una calle el nombre del General Perón se lo hizo con la calle “14 de Febrero" que es un señalamiento histórico y, al volver a bautizarse con el nombre del creador del Justicialismo una calle villense, se lo ha hecho con la avenida “Centenario" que es otra referencia histórica”.

Por ello, cuando se fundamentó el cambio de Corrientes por Eva Perón se expresó que dada la importancia de su figura se debía elegir una de las arterias más extensas de la ciudad y Corrientes es una de ellas ya que llega hasta el límite con Empalme.

 

El caso Daniel Segundo

El criterio cambió en 1998 con el homenaje al padre Daniel Segundo fallecido el año anterior. Aquí se cambió un nombre propio, el de Cornelio Saavedra, al elegirse la arteria donde se encuentra la Parroquia “Nuestra Señora de Luján” de la cual era cura párroco y considerarse que su extensión era acorde a su figura. Su fuerte impronta popular y su importante obra comunitaria bien valían el homenaje, pero se podría haber elegido calle 25 de Mayo, situada en la misma zona pero de tan solo 4 cuadras de extensión, lo que había significado un menor impacto en los vecinos y comerciantes. Dicho sea de paso, el grueso de los villenses continúa hoy, 25 años después, llamando Saavedra a esa avenida.



POR DECRETO Nº 16 BIS DEL 2 DE JULIO DE 1958, SE IMPUSO EL NOMBRE DE HIPÓLITO YRIGOYEN A LA CALLE SANTA FE.


Cambios aceptados

Pero volvamos en el tiempo a otros cambios menos cuestionados y asimilados por toda la comunidad, tanto es así que pocos recuerdan que Lisandro de la Torre era Buenos Aires; Hipólito Yrigoyen era Santa Fe e Ing. Acevedo, Tucumán.

Sobre ese tema Lischetti recuerda que “a propuesta del Dpto. Ejecutivo Municipal el Concejo Deliberante, por Decreto Nº 16 bis del 2 de julio de 1958, impone el nombre de Hipólito Yrigoyen a la calle Santa Fe en ocasión de cumplirse al día siguiente el 25º aniversario de la muerte del político y estadista que fuera por dos veces Presidente de los argentinos”.

En tanto “el 26 de diciembre de 1958, a propuesta del Sr. Carlos Simonet, representante de la Democracia Progresista en el Concejo Deliberante, este sanciona el Decreto Nº 67 que promulga el Dpto. Ejecutivo, imponiendo el nombre de Lisandro de la Torre a la calle Buenos Aires en homenaje y memoria del gran tribuno que fuera llamado ‘El Fiscal de la Patria’”.

Más tarde, 11 años después, el 4 de diciembre de 1969 la “Comisión Pro Homenaje al Ingeniero Arturo Acevedo, concreta el mismo rebautizando a la calle Tucumán con el nombre del destacado industrial, fundador de Acindar, expresando la invitación al acto que, “de esta manera, la Ciudad de Villa Constitución desea expresar su reconocimiento al pionero de la industria Siderúrgica Ing. Arturo Acevedo, quien con su fe en nuestra comunidad tanto aportó al desarrollo y expansión de nuestra Ciudad”.

Otro dato curioso: los primeros nombres substituidos fueron luego, en la década del 70, impuestos a las calles de barrio 25 de Mayo, así que allí están Rioja, Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán.

 


EL 26 DE DICIEMBRE DE 1958 SE IMPUSO EL NOMBRE DE LISANDRO DE LA TORRE A LA CALLE BUENOS AIRES.

 

Nombres cuestionados

Ahora veamos el caso particular de las calles de barrio San Lorenzo, el cual acaba de cumplir 72 años. Cabe señalar que algunas de estas arterias también atraviesan barrios aledaños. Su característica principal es que refieren a personas relacionadas con la historia de Villa Constitución, pero al parecer no fueron del todo bien elegidas o fundamentadas, lo que provocó la indignación de Lischetti.

Pero primero veamos quienes son los patronos de las calles sanlorencinas impuestos en octubre de 1973: Aurelio Tabares (Primer Director de la primera escuela primaria de nuestra ciudad); Doroteo Izarra (Primer médico que registran los anales de Villa Constitución); María Perrissol (Fundadora y primera presidente de la Biblioteca Popular); Manuel García (Presidente de la primera Comisión de Fomento elegida por el sufragio popular); Solano Santos Rubio (Primer sacerdote de nuestra Iglesia Parroquial); Cantalicio Roldán (Primer campanero que registran los archivos de la Iglesia); Nicasio Oroño, Cayetano Carbonell y José María Echagüe (los tres del núcleo fundador del pueblo).

Pasemos ahora a la crítica de Lischetti:

“He señalado en repetidas ocasiones la necesidad de substituir en tres calles del B° San Lorenzo, los nombres asignados a las mismas el 23 de octubre de 1973”, expresaba el historiador en su folleto “Cofre de Recuerdos”, editado en 1998.

El primer cambio que pide es el de Aurelio Tabares (Primer Director de la primera escuela primaria de nuestra ciudad) “Dato falso, pues lo fue Valentín De Toba, al que sucedió 4 años más tarde don Aurelio Tabares, dejado cesante luego por mal desempeño de su cargo, Tabares es nombrado en julio de 1862 y la escuela se abre en julio de 1858 a cargo de don Valentín de Toba cuyo nombre es el que debe llevar esa arteria barrial”, explica Lischetti.

Luego plantea un caso similar con Doroteo Izarra (Primer médico que registran los anales de Villa Constitución) “Dato inconsistente pues digo, precisamente, en mi libro sobre Historia de Villa -donde fue extraído el dato por el Concejo- que, MUY PROBABLEMENTE fue el primer médico, de lo que no hay constancia desde el momento que en el primer libro de Actas de nuestro Juzgado de Paz se inicia en 1864 cuando ya dicho Juzgado llevaba seis años de instalado (5 de enero de 1859), en un acta para más del 19 de febrero de 1869, encuentro que el Dr. Izarra es mencionado repetidas veces. Por lo tanto, en once años que van desde la fundación de Villa en 1858 a 1869 puede haber ejercido otro médlco anterior al Dr. Izarra. Lo “probablemente" es una cosa, es incertidumbre, y la referencia “concreta" es otra cosa opuesta a lo anterior”, resume.

El otro nombre cuestionado es el de Cantalicio Roldán (Primer campanero que registran los archivos de la Iglesia) “Dato absolutamente falso en lo de ‘primer campanero’ por cuanto digo también en mi libro de historia -de donde tomó el Concejo la referencia-: ‘En el año 1866 es nombrado sacristán y campanero, cargo que desempeña alternadamente durante 43 años’. Nuestro Templo Parroquial fue habilitado el 25 de agosto de 1858 y Roldán aparece 8 años más tarde en registro local. Había nacido en 1853 y falleció en 1918 a los 65 años de edad. Tenía por lo tanto 5 años de edad cuando se habilitó nuestro Templo y empezaron a sonar las campanas del mismo”.

Finalmente Lischetti plantea que “si la escuela del lugar o un vecino o quien fuere, solicita querer conocer la biografía y méritos de los mencionados patronos de esas calles, como es lo lógico y justo, no hay nada que ofrecer, no sólo porque no entiendo que importancia encierra el haber sido EL PRIMERO en una actividad cualquiera -siempre en referencia a tomar esa condición en cuenta para el bautizo de una calle- sino, incluso, porque en la mayoría de esos casos, no hay “curriculum” que considerar”.


LA PLAZA EVA PERÓN OSTENTA EL LLAMATIVO RECORD DE HABER CAMBIADO DE NOMBRE MEDIA DOCENA DE VECES.

Una plaza récord

Para cerrar, vamos a ver que no solo hubo idas y vueltas en los cambios de nomenclatura de calles. También ocurrió en las plazas. El casos paradigmático y récord es el de la hoy plaza “Eva Perón” de barrio Hoppe, (Avellaneda entre Independencia y Presbítero Daniel Segundo) la cual tuvo ¡seis! modificaciones de nombre a lo largo de su historia.

“El primero y valedero, desde su inauguración en 1939 es el de ‘Gobernador Simón de Iriondo’, ilustre santafesino de amplios merecimientos por los cuales nada menos que un Departamento de nuestra provincia lleva su nombre; bautizo además en el que estuvieron sus descendientes, entre ellos el propio Gobernador de la provincia Dr. Manuel María de Iriondo”, enfatiza Lischetti.

“En 1952 se reemplaza tal nombre por el de ‘Eva Perón’ -continúa el historiador-. En 1956 el de esta por el de ‘Mariano Moreno’, desconociendo la Intervención en el municipio el primigenio nombre. En 1973 nuevamente ‘Eva Perón’. En 1977 otra vez ‘Dr. Simón de Iriondo’ y actualmente, POR TERCERA VEZ ‘Eva Perón’. Es innecesario extenderse en mayor comentario frente a este juego impropio a cargo de las interpretaciones y pasiones políticas de los gobiernos de turno. De haberse res petado desde el principio el nombre primigenio, nada de este despropósito se hubiera consumado, Y hablo en tiempo pasado, no en tiempo futuro”.

 

LA AV. ING. ACEVEDO FUE EN UN INICIO TUCUMÁN, LUEGO 14 DE FEBRERO, DESPUÉS DE NUEVO TUCUMÁN Y FINALMENTE SE LE IMPUSO EL NOMBRE ACTUAL.

 

¿Epílogo?

Hasta aquí este resumen sobre algunas de las tantas historias sobre la curiosa manera que tenemos en Villa Constitución de complicar hasta lo más sencillo. Quedan numerosas curiosidades sobre los nombres de las arterias que cruzan toda la ciudad, algunos son acertados otros presentan también sus extrañas particularidades. Quedarán para futuras publicaciones si es que no nos perdemos en el laberinto de confusiones que es nuestra historia local.

 



 



 






 

 

14 de Febrero de 2022: 162º aniversario de Villa Constitución

 Breve historia del periodismo gráfico en Villa Constitución

En este nuevo aniversario de nuestra ciudad, bien vale repasar quienes contaron su historia cotidiana a lo largo de buena parte de su existencia.

Por Ariel Fabián Gómez – Periodista


Los inicios

Esta es la historia de los medios gráficos de Villa Constitución, en su mayoría semanarios, sufrió los avatares propios de una ciudad que pasó por distintas etapas de bonanza y de miseria, con un perfil que varió desde lo rural a lo portuario, luego a lo ferroviario y más tarde a lo industrial, este último con acento netamente en lo metalúrgico.

En los inicios del siglo pasado, la escasa densidad poblacional y el bajo desarrollo económico influyeron para la discontinua aparición de medios gráficos. Por una u otra razón, a lo largo de la centuria pasada, Villa Constitución vio nacer y morir -en algunos casos con extrema rapidez- casi una treintena de periódicos y una incontable cantidad de revistas de diverso contenido.

Según un artículo publicado en el año 1997 por el historiador villense Santiago Lischetti “en el lapso de un siglo (1897 - 1997) han existido en Villa 27 periódicos y, por cierto, numerosas revistas. Por lo tanto, hemos tenido, de manera incontinua, periodismo en nuestro medio”. La mayoría de estas publicaciones tenían una vida efímera, solo tres de ellas alcanzaron los 10 años de vida. La excepción es el actual Diario EL SUR que lleva 27 años de aparición continua. Pero ya volveremos sobre los medios, ahora repasemos un poco la historia de la evolución de Villa Constitución.

 

Los fallidos comienzos de Villa Constitución

Si bien Villa Constitución fue fundada el 14 de febrero de 1858, desde muchos años antes se conocía a este lugar como Puerto de las Piedras por tratarse de una rada natural custodiada por un inmenso peñón compuesto por tres moles de piedra de 8 metros de altura. Incluso existía una pequeña población de características rurales y según señala Lischetti en su libro “Radiografía de Villa Constitución en tres placas” se trataba de “un conglomerado humano de 400 almas”.

En tanto la estratégica ubicación de valor geo político y militar llevó tanto al gobierno de la Confederación de Provincias comandada por el General Justo José de Urquiza como a emprendedores privados a evaluar las ventajas de establecer en la zona un asentamiento poblacional.

Por el lado político militar la necesidad de la Confederación era la de contar con un puesto de avanzada y de información en la frontera misma con la enemiga Buenos Aires, en tiempos que la unidad nacional no estaba consolidada. Asimismo, era vital poner coto a los desmanes causados en un terreno inhóspito por indios y bandoleros.

En tanto el proyecto de empresarios particulares era el de sumarse al modelo ferro agro exportador imperante en el país impulsando el tendido de una red ferroviaria y la creación de un puerto de ultramar para exportar la producción agrícola aprovechando las enormes ventajas que otorgaba la naturaleza del lugar.

 

Fecha fundacional

Finalmente, Villa Constitución fue fundada el 14 de Febrero de 1858. Su nombre fue un homenaje de los fundadores a la Asamblea Constituyente que se reunió en Santa Fe en 1853. Como padrino y protector del poblado ofició el gobernador santafesino, Juan Pablo López, en su honor fue decretado patrono del pueblo San Pablo Apóstol.

Por ello la ciudad tiene dos festividades locales con carácter de feriado: Día de la Fundación y Día del Santo Patrono (29 de junio). También se conmemora del Día de la Declaratoria de Ciudad, acontecida el 23 de septiembre de 1950 pero sin que se considere asueto.

EL INICIO DE LA CIUDAD ESTUVO RELACIONADO CON SU UBICACIÓN ESTRATÉGICA SOBRE EL RÍO PARANÁ.


Un progreso demorado

Los avatares de la política argentina motivaron la creación de la villa, pero también demoraron hasta la exasperación y el desánimo su crecimiento, llevando a que varios de los primeros empresarios abandonaran el proyecto. Recién dos décadas después de la fundación llegó el riel (1888) y comenzó su primera etapa de verdadero desarrollo con el tendido de las vías férreas y la construcción del ya desaparecido puerto de importación.

Y con el progreso, el fin del peñón que diera su nombre al puerto de las piedras. Sus tres moles fueron dinamitadas en 1887 para allanar la realización de la cabecera del ferrocarril, que se extendería desde nuestro poblado hasta la localidad de San Urbano (Córdoba), como así también de la obra del puerto de ultramar destinado a la descarga de material ferroviario y la exportación de granos.

Una vez concretado el camino de acero comenzó un rápido desarrollo ferro portuario que fue efímero. En 1914 el inició de la Primera Guerra Mundial significó la total paralización de la actividad del puerto. Cabe destacar que como el ferrocarril era de empresas británicas el principal comercio marítimo era con naves de la misma bandera que dejaron de llegar a causa de la conflagración. Esta situación motivó el primero de los éxodos villenses.

En esta primera etapa existieron tres periódicos editados en Villa Constitución según el relevamiento de Lischetti: 1898 - "El Departamento” (desconociéndose su Director. Vivió sólo meses); 1905 - "El Progreso", editado por Fenelón Orihuela (imprenta y librería) y 1919 - "La Tribuna”, cuyo responsable era Félix Aleart (Imprentero - Periodista).

 

Entre guerras

Finalizada la Primera Guerra Mundial en 1918 poco a poco se reactivó la actividad ferroportuaria hasta que la segunda conflagración mundial volvió a paralizar a Villa Constitución, provocando un nuevo y masivo éxodo.

En ese lapso surgieron y perecieron 9 periódicos (cabe señalar que nunca pudieron convivir dos publicaciones al mismo tiempo y todos eran de aparición semanal cuando no mensual): 1920, “El Heraldo” de Godofredo Neumann Cafferata. (Escribano Público); 1923, “El Paladín” de Juan José Aragón. (Empleado Banco Nación. Poeta); 1924, “El Pueblo” de Valentín González. (Imprentero - Periodista); 1928- “El Orden” de Eparquio Gómez. (Procurador y político); 1930 - "Constitución” de José Genovese (Periodista); 1930, "El Defensor" de Domingo Derudi. (Imprentero - Periodista); 1937, "La Semana” de Anselmo Oyola- (Imprentero, periodista, político); 1938, "Vanguardia” de Obdulio Romero. (Administrador). Empleado Público y 1939, "Clarinada” de Elio Pusso Carrasco (Odontólogo y político).

Las décadas siguientes el afán periodístico menguó notablemente, entre 1940 y 1950 se publicaron solo tres periódicos: 1940, "La Opinión” de Doroteo Rípodas.(Gerente Dreyfus & Cía. Empresario); 1941, "Pregón”  (Tiene editor responsable) y en 1944, "La Calle" de Jaime Gualda Carbonell (Periodista).

EL FERROCARRIL LE DIO UN IMPULSO FUNDAMENTAL PARA EL DESARROLLO DE UNA LOCALIDAD QUE ESTUVO ALERTAGADA EN SUS PRIMEROS AÑOS.

 

Llegan las industrias y la inmigración

A finales de la década del 40 comienza el desarrollo fabril de Villa Constitución con la instalación de CILSA (Compañía Italiana Lanera S. A.), Acindar y numerosos talleres subsidiarios, entre otras empresas.

La explosión industrial derivó en un incremento demográfico que multiplicó la población en pocos años con una fuerte inmigración, en principio desde pueblos rurales cercanos y luego desde otras provincias.

Esta situación generó una ciudad extensa, con inmigrantes que no terminaron de sentirse parte de ella con un escaso sentido de pertenencia. En una publicación del año 1992 del Departamento de Historia del Instituto Superior de Profesorado Nº 3 “Eduardo Laferriere” de Villa Constitución, dedicada la historia regional (Cuadernillo Nº 11) se destaca: “El aumento responde al crecimiento vegetativo y al establecimiento de fuentes de trabajos que produce una afluencia de mano de obra procedente de las zonas rurales aledañas, localidades vecinas, otras provincias (por ej: Entre Ríos, Stgo. del Estero, Chaco, etc. Y en menor medida, de Europa)”.

“Esto genera una importante demanda de espacio, para cubrir las necesidades habitacionales de este nuevo grupo en constante crecimiento, que se resuelve loteando los terrenos próximos a los centros industriales, llevando a la ciudad a extenderse en forma dispersa y con localizaciones aisladas de baja densidad, notándose un desplazamiento de la concentración poblacional primitiva entorno al complejo ferrocarril-puertos, hacia la zona industrial”, detalla la publicación.

Sin embargo este crecimiento demográfico no significó una mayor cantidad de lectores y fueron escazas las publicaciones periodísticas.

 

Pocos periódicos y de vida efímera

Este panorama tiene una profunda incidencia en la corta vida de los intentos de dotar a Villa Constitución de un medio gráfico. Una ciudad larga y estrecha, con un centro donde se concentra la mayor parte de la actividad administrativa, institucional y bancaria, y con barrios alejados cuyos nuevos habitantes no se sentían villenses, dificultó la cobertura periodística y la inserción barrial.

En la década del 50 la situación y el número de publicaciones fueron similares a las del 40. En 1952 apareció "El Imparcial" editado por Gualda Carbonell (Jubilado. Comerciante). En el mismo año lo desplazó "El Villense" de Julio Miljevic, imprentero, publicista y escritor. Lischetti no informa en qué momento dejó de publicarse, pero da cuenta que en 1957 “El Villense” inició su segunda etapa.

Durante los 60 la crisis periodística se acentuó y solo se publicó, a partir de 1964, "La Voz", de Marco Vicent Gaché (Periodista).

Sin embargo, aquí debemos mencionar un hecho clave en la historia del periodismo villense, en septiembre de 1962 inició sus trasmisiones LVC1 Radio Villa Constitución (también conocida como Radio Muriado por su fundador, Eduardo “Tito” Muriado). Durante más de dos décadas fue un servicio de circuito cerrado, con aparatos reproductores que llegaron a gran parte de los hogares y con parlantes colocados en las columnas de iluminación de la zona céntrica. Fue cuna de casi todos los periodistas de la ciudad y en 1988 comenzó a emitir en FM y hoy sigue en actividad, pese a que existen en la ciudad más de una docena de FM.

CON LA INSTALACIÓN DE CILSA Y LUEGO DE ACINDAR, COMENZÓ LA ETAPA INDUSTRIAL DE VILLA CONSTITUCIÓN.


Los violentos ‘70

La década del 70 Villa Constitución, como en todo el país, vivió una época violenta pero con el aditamento de ser protagonista de la gesta obrera del 16 de marzo de 1974 conocida internacionalmente como “El Villazo”. Luego, todavía bajo el gobierno democrático de Isabel Perón sufrió la represión y el terrorismo de estado a partir del 20 de marzo de 1975 con una secuela de muertos, desaparecidos, detenidos y torturados que conformó el laboratorio donde se ensayó lo que luego se aplicaría en la dictadura cívico militar que se instauró en el país a partir del 24 de marzo de 1976.

En esta convulsionada década Villa Constitución solo tuvo dos periódicos, ambos nacidos en 1971. “Eco” de Roberto Carvajal(Periodista) y “El Faro” de Roberto Alessio(Periodista).

El miedo insuflado a la población por la feroz represión de 1975 provocó un retraimiento de la sociedad y llevó a que se redujeran al mínimo todas las expresiones sociales y culturales.

 

El Pulso

En 1980 llegaría un medio que marcó fuertemente el inconsciente colectivo villense y que impuso la aparición los viernes de los posteriores medios gráficos: El Pulso, que tenía por directores a Marcelo Lafitte y Néstor Martínez (Periodistas) pero que contaba con nutrido y altamente calificado grupo de periodistas como así también de vendedores de publicidad. Fue sin dudas la primera propuesta profesional en la ciudad.

También potenció su llegada al público el nacimiento de la televisión local en junio de 1985 con Canal 4, el cual se nutrió para su noticiero y otros programas del staff de El Pulso. Ambos medios se promocionaban recíprocamente con un resultado altamente positivo. A la par, algunos de los periodistas también tenían programas radiales por lo que la difusión de El Pulso fue mucho mayor que la que tuvieron sus antecesores.

En esa misma década y de efímera existencia, en 1984, apareció “La voz del Pueblo”, dirigida por el abogado peronista Omar Ferreyra.

 

Se va El Pulso y llegan los ‘90

En 1989 El Pulso cesó sus ediciones dejando un vacío que perduró hasta 1991 en que comenzó a salir “Semanario Tiempo”, el cual en principio sumó a parte de los periodistas de El Pulso y de Canal 4. Pero los 90 fueron críticos para la economía local, la reconversión industrial llevó a una enorme pérdida de puestos de trabajo e inició un nuevo éxodo en la ciudad. Esto impactó económicamente en el nuevo periódico que nunca pudo despegar y alcanzar a suplir la ausencia de su antecesor. En pocos meses fue abandonando el proyecto la mayor parte del staff y en 1993, en su último año de vida solo lo mantenía con vida su editor y fundador, el periodista Juan José Pons.

EL PULSO IMPUSO UN CAMBIO EN EL MODO DE INFORMAR EN VILLA CONSTITUCIÓN Y MARCÓ LA DÉCADA DE 1980.


 

Pocos lectores

En el número 7 de Tiempo, del 21 de junio de 1991, el periodista José Bocca, publicó una nota titulada: ¿Se lee en Villa Constitución? Su inquietud dejaba en claro que la nuestra no era una ciudad que se destacara por su consumo de material de lectura y se daba cuenta del lento proceso de disminución en la compra de diarios, periódicos y revistas.

En 1994 aparecieron casi al unísono "Periódico” de Javier Kummer, el cual cesó en la 7ª edición y “Diario Del Sur”, que luego cambiaría su nombre por “EL SUR”, el cual se convirtió en el medio gráfico de mayor permanencia y que hoy no solo tiene dos salidas semanales (martes y viernes) sino que se convirtió en un multimedio con una productora de TV (Visión SUR), dos FM (Puerto Piedras y Tendencia Urbana), un portal web (www.elsurdiario.com.ar) y una app, Villa en un Click.

 

Un nuevo milenio

En el año 2000 hubo un intento de reflotar El Pulso por parte de Canal 4, pero el proyecto terminó en fracaso y en el 2002 cesó sus apariciones, las que también se realizaban los viernes. En 2014 apareció Diario La Ciudad, creado por la productora de TV ProAr, una de las dos que genera contenidos para Cablevisión (la otra es Visión Sur), el cual permanece hasta hoy pero con una sola edición semanal los días jueves y una tirada limitada.

 

El difícil desafío de informar a los villenses

Para cerrar este repaso de los medios gráficos de Villa Constitución apelo nuevamente a Santiago Lischetti debido a que fue lector de gran parte de ellos ya que nuestro historiador local era un lector omnívoro y nació en 1911 (falleció a los 96 años en 2007).

“Órganos que han sido en cada caso, reflejo de su época y de la realidad del entorno que hallaron en su origen: tuvimos periódicos con sólo dos hojas y un contenido pobrísimo en información por cuanto eran tiempos en los que el pueblo no tenía el movimiento ni las instituciones, ni los medios económicos, de comunicación, etcétera, que en la actualidad detenta; el comercio era muy limitado y, la industria, desconocida; el nivel cultural corría paralelo con lo demás. Por otra parte, la muerte permanente de las expresiones periodísticas que se fueron sucediendo, -las fechas hablan con elocuencia al respecto- obedeció a diversas causas, todas convergentes al fracaso: la principal de todas, la económica; luego, el desinterés del grueso de la población por leer y mantener un periódico local; la carencia de las aptitudes que se requieren para conducir un órgano de prensa, que se ha dado en muchos casos entre nosotros y, esencialmente, también, cuando aparecía un semanario con fines políticos, exclusivamente para combatir o fastidiar al gobiernocomunal o provincial de tumo, o al político o políticos locales pertenecientes al partido oficial y, a la inversa, a veces un semanario puesto totalmente al servicio del partido gobernante para hacerse propaganda y atacar a los adversario del llano, periódicos entonces, en uno y otro caso que, por lógica, cesaban en un momento dado junto con la causa que los había generado; en éstos, solía a veces emplearse expresiones peyorativas y otras carentes de veracidad, creando por lo tanto un periodismo sin visión general por lo sectario y burdo”.

 


DIARIO EL SUR ES EL MEDIO GRÁFICO DE MAYOR PERMANENCIA A LO LARGO DE TODA LA HISTORIA DE VILLA CONSTITUCIÓN

 

 



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