martes, 7 de agosto de 2012

ASENTAMIENTOS INFORME ESPECIAL PARTE 2


DECENAS DE FAMILIAS VIVEN OLVIDADAS EN LA MISERIA
 “Las Chapitas”, ese asentamiento que “no existe”

Detrás de la ex fábrica de impregnación de durmientes, a espaldas de barrio Raviolo, creció un asentamiento que por sus casillas de chapa, madera y nylon fue bautizado como “Las Chapitas” aunque su nombre real es “San Jorge”. Junto a él está creciendo otro vecindario similar “pero ese es otro sector” dicen los habitantes del primero. Reclaman que las autoridades reconozcan su existencia y aparezcan por el lugar. “Hacé de cuenta que este lugar no existe”, grafican sobre su situación.

Popularmente conocido como “Las Chapitas”, barrio San Jorge,  es uno de los asentamientos más precarios que se está levantando en la ciudad, está ubicado a espaldas de la ex fábrica de impregnación de durmientes, flanqueado por los fondos de barrio Raviolo y el camino que desde calle Islas Malvinas se extiende hacia Pavón. Los testigos más cercanos del desarrollo de este precario poblado aseguran que la cantidad de humildes viviendas “crece día a día”. Las condiciones en las que se asientan las familias en ese lugar son de extrema precariedad, como se desprende del nombre mismo con que se lo bautizó y en la actualidad sus pobladores superan el medio centenar de familias (57 según el último relevamiento).

María Isabel es una de las primeras que se radicó allí, su precaria vivienda se levanta en el mismo límite del asentamiento y hace una aclaración: Las Chapitas llega hasta su hogar y el de su hijo que vive lindando con ella. Del otro lado del alambrado, en lo que sería una especie de calle divisoria, ya se erigieron cuatro casillas de chapas, pero “ese es otro barrio” aclara. En realidad ese es un terreno privado  y junto a las nuevas viviendas ya hay terrenos demarcados para la construcción de otras por lo que se trata de usurpadores y el tema está en la justicia. “Nosotros, en esta parte, hace cinco años y medio que vivimos”, cuenta María. “En esta parte iban a hacer viviendas, pero después no sé en qué quedó. Nos estamos arreglando como podemos”.

Ese “como podemos” implica que sus hijos salgan con un carro a cirujear y revolver basura. Ella es viuda y trata de sobrevivir sin perder un sentido solidario. Hasta su casa llega una manguera para con agua potable y le permitió engancharse de ella a uno de los nuevos vecinos que vive en una casilla de chapa y madera de apenas unos tres metros por dos. “Le llega un chorrito pero al menos tiene algo de agua”, expresó. Antes “donde vivía no tenía ni vecinos, pero después me cambiaron y me trajeron acá”, señala sin precisar quiénes la derivaron a este lugar pero sí que “queremos mejorar, pero la luz se corta todos los días”. La electricidad llega a través de improvisados postes de luz que cruzan sobre los techos de chapa o nylon negro que se multiplican hacia el centro de la manzana.

“Que venga alguien”
María se queja por la falta de ayuda de parte de las autoridades y su hijo agrega que es “hacé de cuenta que este lugar no existe”. Insiste en que “nos rebuscamos con lo poquito que hay, otro medio no tenemos”. Mirando alrededor se observa un creciente basural, la proliferación de perros que corren y juegan entre la basura mientras otro come carroña, destrozando lo que queda de un animal muerto de difícil clasificación. Volviendo sobre el desconocimiento de los funcionarios sobre este asentamiento María se queja: “Esto no puede ser así, acá hace falta un coso de basura, hace falta que vengan a ver. Eso es lo que queremos, que venga alguien”.


En cuanto a la presencia de personas llegadas de otras ciudades aseguran que salvo “los santafesinos, que hace una banda de tiempo que están acá”, los demás son villenses aunque no pueden aseverar los mismo de las nuevas casillas de chapas que empiezan a levantarse “del otro lado” del alambrado “ese es otro sector”. Los primeros del incipiente asentamiento comenzaron a llegar “hace un año, más o menos”. Cuando comenzó “anduvo la policía para ver si hacían casas” pero finalmente dicen que los uniformados admitieron que “no podían hacer nada”. Esta es parte de lo que ocurre en Las Chapitas, ese lugar que oficialmente “no existe”, como dicen sus habitantes.

TAREA
Buscar los “por qué”
Con referencia al crecimiento exponencial de los asentamientos alrededor de la ciudad el flamante director de Orden Urbano, Jorge Gómez, aseguró que antes de asumir trató el tema con la Secretaria de Gobierno Gabriela Chiariotti, quien le manifestó que “tienen una estadística muy importante, ya hay un trabajo serio realizado. Hay una característica bastante particular que es que hay mucha migración interna. Si bien hay gente de otras ciudades, de otras provincias, pero la mayor cantidad de movimiento se produce internamente. De todas maneras trataremos de saber qué está ocurriendo por qué tanto movimiento y por qué los asentamientos hacen quiste en nuestra ciudad”.

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