martes, 9 de agosto de 2016

Adiós a Cuqui, la luchadora de la República de Talleres


Es martes 9 de agosto de 2016, acaba de fallecer Cuqui Conti, a los 74 años de edad. Todo un personaje y como tal, en aquella sección que escribí para Diario Del Sur entre 1997 y 2001, reflejé su historia. Fue en junio de 1998, en la edición Nº 200 del por entonces semanario. Como homenaje y despedida, rescato aquella publicación tal cual fue escrita en ese momento, 18 años atrás.



"Cuqui" Conti: almacenera con la mística de Talleres

Existen personajes que son en si mismos un vivo anecdotario, tal es el caso de Rosa Taglientti («la Cuqui Conti» para todos aquellos que la conocen). Profundamente arraiga en su «República» de Talleres es un producto característico de este barrio, el más viejo de la ciudad. De amplia y reconocida militancia radical, cuando deja de lado su pasión política se transforma en un álbum de historias y recuerdos de barrio como los que recrea en esta oportu­nidad.

Orgullosa, Cuqui, señala que nació hace 56 años, un 20 de noviembre en su querida República de Talleres «acá mismo y acá voy a morir», dice en su casona de Libertad y Pasteur. Esa casa que fue «hecha en el año '27, mi padre compró el terreno en febrero de ese año».
Sus recuerdos se remontan a un barrio «que era muy chiquito, terminaba aquí, en la otra casa (y señala hacia calle Alberdi) teníamos el 'campito Barón', era un campito grande. Íba­mos a cazar pajaritos, todos, varones, muje­res». En ese tiempo «éramos pocos vecinos y muy conocidos, creo que de los viejos quedan Aurora, Manuelita Oterino -que es una gran amiga, una madre-, 'Chiquitína' Muriado, el 'Manco' Muriado, 'Pirula', manifiesta seña­lando reconocidos nombres del barrio. «Que­dan muy pocos, pero los pocos que quedamos somos muy unidos», afirma.

Tallarín a muerte
El arraigo de Cuqui con «su» Talleres es tan grande que le permite asegurar que «nunca me iría a vivir a otro lado. Si me sacara el Quini tampoco me iría». Asegura que la razón de ese sentimiento «es porque somos una república. Cuan­do en el '86 empezó Talleres de nuevo en el fútbol, fue luchar todos juntos, sufrir... nunca fui a la cancha porque no me gusta pero los partidos los escuchaba por la radio. Luchamos por el dub... Talleres es una república», insiste.
Y por si quedaran dudas ratifica «nací acá, mis cuatro hijos nacieron acá, se criaron acá. Mis vecinos son todos buenos, cuando nos necesitamos estamos todos juntos. ¿Qué se yo?.„ Talleres es Talleres, no hay otra manera de decirlo».


Almacén de barrio
Desde el año 81 la casa de Cuqui se convirtió en uno de los almacenes emblemáticos del barrio, «cuando se casaron dos de mis hijos quedé muy mal y el doctor Zunino me dijo que pusiera un negocio, que hiciera algo». Por entonces «tenía a Gustavo de cinco años y después de él, como regalito del cielo, vino Mauro, cuando Jorgito (el hoy subcomisario Jorge Conti) tenía 25 años».
Su almacén es un punto de encuentro común en el vecin­dario, «acá te enteras de todo, es una familia mi almacén, mis dientes son parte de mi familia. Cada uno conoce si estoy triste, si estoy contenta, si estoy alegre por algo, si tuve una noticia buena o mala con Maurito en la escuela». Antes de abrir el comercio su tiempo se ocupaba en costuras y tejido, también «teníamos gallinas, siempre ocupaba el tiempo, con conejos, mi casa era y sigue siendo una granjita, ahora tenemos un loro para completarla».


Cosas de pibes
A la hora de las anécdotas infantiles recuerda con placer el juego de la escondida «con las chicas, y chicos también, con Tito, Chiquito y Lacho Muriado, (más nombres conocidos) que también hacían teatro, en la otra esquina, al de Martos (12 de octubre y Libertad) y nos disfrazábamos, nos pintába­mos; pero sano, esas cosas sanas que habla en el barrio». También recuerda que en esos tiempos era lindo ver en los atardeceres las luciérnagas que poblabanel barrio.
Sobre finales de la década del cuarenta, se hicieron las primeras casitas sobre Las Heras, Alberdi y toda esa zona. Pero antes era todo campo. El campo de los Barón... Ah! el campo de los Barón era hermoso. Íbamos a robarles tunas, como José Oterino, ‘el Toscanito’ y Panaia le robaban los damascos a la vecina, doña Lita, y como ella me dejaba entrar solo a mi yo la entretenía y ellos le robaban los damascos».


De baile
Con el paso del tiempo llegó la etapa de los bailes en Theobald, Godoy, Pavón. «A mi no me dejaban ir mucho a los bailes. Pero un vez, el día que me conocí con mi marido (Augusto Conti) nos fuimos a Godoy, por camino de tierra y estaba por llover. Íbamos en patota, la chica de Panaia, Masella, las hermanas de Masella, iba doña Juana Muriado que nos cuidaba como a hijas, íbamos varías chicas, entre ellas yo que era la más chica. Yo decía que no fuéramos, que iba a llover pero dice mi marido que no, que iba a caer una helada y fuimos. Como a las doce de la noche empezó a llover y el colectivero se quedó dormido y nos fuimos a la cuneta, entre Rueda y Empal­me. Eran las siete de la mañana y recién pudi­mos agarrar por la vía, caminando, porque el colectivo quedó en la cuneta, trayendo a doña Juana Muriado que era una mujer grande. Llegamos a la Isaura, las medias todas corridas, todas embarradas y encontramos a Juanita Fiorio, que era enfermera. Juanita, que era muy puritana, nos dice: -¿De donde vienen chicas?. Y Lucena Panaia le contestó: -De un velorio. Cuando ella dijo eso yo salte de la risa y me caí a la cuneta. Después le pregunte por qué había dicho eso y me respondió: -¿Qué le voy a decir a las ocho de la mañana?.

Orgullo de madre
Otra anécdota tiene que ver con el respeto. «El día que nos comprometimos con mi marido yo cumplía quince años. Yo no sabía que me comprometía, pero mi marido se lo había dicho a mi papá que si lo sabía. Pero murió una vecina, había lechones, cien invitados, y mi papá dijo: -Si doña Rusolla está acá todavía (el velatorio se realizaba en la casa contigua) no hay fiesta. Decía que la llevaron a la tarde, pero eso antes se respetaba, no podías estar de fiesta y un vecino de velorio».
Volviendo sobre su compromiso cuenta que fue «a los quince años y a los dieciseis me case. Compré a Jorge a los dieciseis años y ocho meses. Tuve mi hijo muy joven, estoy muy orgullosa de él, -de los cuatro estoy muy orgullosa. Después llegó Mari (María Rosa) y cada diez años compré a los otros dos (Gustavo y Mauro)», pero su orgullo y cariño no se detienen aquí se extiende a sus siete nietos que la colman de felicidad y agradecimiento a la vida.
En cada diálogo, no importa si habla de sus hijos, de su barrio, de su partido, Cuqui trasunta orgullo. Un respetable y sano orgullo, el que tienen las personas de bien y que sienten en cada acto que realizan. Por eso su casa, su almacén, su vecindario son para ella una gran familia.



2 comentarios:

  1. no sabiaaaaaaa nada que hubo fallecido hace poco tiempo me llamo por teléfono y me dijo que andaba bien, que le paso???

    ResponderEliminar