martes, 2 de agosto de 2016

Juan Defilippi: El caballero del violín

Voy a seguir sumando recuerdos a este blog. En esta oportunidad inicio una serie dedicada a la sección que inauguré en mayo de 1997 en Diario EL SUR (por entonces denominado Del Sur) y que escribí hasta mi alejamiento en octubre del 2001 (regresé en diciembre del 2009). Esa sección se llamaba "El personaje de la semana" y aquí voy a rescatar algunas de esas publicaciones tal cual se escribieron por entonces, seguramente muchos de estos personajes ya no están con nosotros, pero queda en este espacio su recuerdo, memoria que hoy forma parte de nuestra historia pueblerina. 

Esta es la nota sobre Juan Defilippi, publicada el viernes 19 de febrero de 1999.



Desde el domingo 14 de Febrero de 1999 la casa de Moreno 1127 ostenta una placa que dice: «Aquí vivió Juan Francisco Defilippi. Músico de la ciudad. 1916-1995». Distinción que se suma a la de Guildo Corres (Poeta), Esteban Tortosa (Pintor) y Dorita Ríos (pintora), todas ellas descubiertas como parte de los últimos cuatro festejos del aniversario de Villa Constitución. Ya antes, en vida. Juan había recibido hartas muestras de respeto, admiración y cariño. Entre los homenajes más destacados y perennes se encuentran dos poemas, uno escrito por Santiago Lischetti («El Tango y el Maestro») y otro por Guildo Corres («Tanguero y sentimental»).


Músico intuitivo
Juan Defilippi nació en nuestra ciudad el 7 de setiembre de 1916 y falleció el 6 de noviembre de 1995. En su infancia se abocó al estudio de la música, inclinándose por el violín, instrumento que no abandonaría hasta el día de su muerte. «Con
tu violín, armado caballero/por su criolla Majestad el Tango/ anduviste, bohemio, tesonero/difundiendo hasta hoy su anti­guo rango», dice en su soneto Santiago Lischetti. El mismo historiador pone de relieve que con el músico fueron «casi contemporáneos, yo tengo ochenta y siete y él falleció a los setenta y nueve», agrega que «a la familia (Defilippi) la conocí de muy chico, cuando vivían en la esquina de General López e Irigoyen, donde vivieron muchos años. La hermana (de Juan) Elvira era una pianista consumada y solíamos cantar,
y él ya en esa época -que tendría unos 14 o 15 años-, tocaba el violín. Fue desde chico un intuitivo».

En todos los bailes
En 1932, cuando Juan contaba con sólo 16 años integra un conjunto típico creado por el músico José Nieves, después se incorporó a la primera Orquesta Típica de la ciudad, fundada y dirigida por el maestro Ernesto Roldán, en 1935. Más tarde, en 1943, conforma su propia orquesta, la que escribiría una de las historias más prolíficas y exitosas del tango villense.
A partir de entonces «animó todos los bailes populares en Villa. En la Sociedad Española yo he bailado diez años al compás de la orquesta, la que alternaba con la otra ‘caracterís­tica’, la de los hermanos Muriado. Donde había un baile estaba él; cuando se inauguró, allá por la década del '40, el bar ‘Chicago’, en calle Rivadavia, fue contratado para amenizar la inauguración. En todas partes estaba», recuerda Santiago Lischetti.
En 1980 impulsa la creación del Tango Club y una vez fundado pasa a dirigir la Orquesta Estable de la institución. La noche del 21 de noviembre de ese año la agrupación se presentó en Radio El Mundo, actuando durante 45 minutos en el programa «La Noche con amigos».

Por su parte Beatriz, la esposa de Juan, cuenta que lo conoció «en un baile del Club de Planeadores (que estaba ubicado en Irigoyen, frente a la plaza, donde hoy se encuentra la tienda «La Unión»), lo vi y me empezó a gustar, estuve dos años y medio para que se acercara a mí y ser novios. Fue un poquito duro enamorarlo, dice con una risa no exenta de nostalgia «Gracias a Dios nos quisimos mucho, tuvimos un matrimonio muy feliz, no recuerdo haberme peleado con él, haber cruzado alguna palabra, pero si darle un beso cuando entraba o cuando salía. Era muy, muy bueno».
Tres días después de haber cumplido 30 años, el 10 de setiembre de 1946, Juan se casó con Beatriz, quien además de acompañarlo en su vida artística lo apoyó en su otra pasión: la Unión Cívica Radical. «El fue candidato a concejal, fue presidente de Comité, actuó mucho, lo conoció muy bien a Alfonsín y a otros políticos». Si bien nunca ocupó un cargo electivo mantuvo una militancia constante hasta los últimos meses de su vida.

El domingo, en el acto realizado frente a la casa del músico ante una verdadera multitud compuesta por familiares, vecinos, amigos, autoridades, correligionarios e integrantes de su or­questa, la profesora María Aurora Ruíz de Pezzoffi ( Alolo) realizó una semblanza que resume muy bien la vida de Juan a quien definió como «un precursor de la música ciudadana» que «logró por su esfuerzo y capacidad musical trascender hacia otras ciudades, siendo el embajador del tango, representando a Villa Constitución en Rosario y en Radio El Mundo»
«Desde muy pequeño se volcó a la música y aprendió violín, y cuando salía para las clases se detenía a jugar al fútbol con otros chicos, usando el estuche como arco. Fue una persona apegada a su familia, conversador, locuaz, muy buen amigo, confidente con sus hijos. Aún hoy su familia continúa con el rito de reunirse todos los domingos a la hora del almuerzo en esta casa».

«No perdía la ocasión de brindar buenos consejos -siguió diciendo Alolo-, en la calle se lo veía respetuoso y con ese porte que sólo poseen los que nacen señores y además todo un hombre. Quizás muchos de los aquí presentes conocieron el amor y formaron pareja al son de su violín que marcaba el compás de sus tangos, donde se mezclaba la melodía con la ilusión y con los proyectos». «Algunos, o todos los que se casaban en la Iglesia reclamaban su presencia para la marcha nupcial; fue un gran colaborador con las instituciones villenses, y uno de los fundadores del Tango Club». Alolo terminó su emocionada semblanza destacando que «son muy pocos los que logran en su paso por la vida quedar en el espacio de la admiración, el cariño y el reconocimiento de todo un pueblo».

«Juan era un esposo muy cariñoso, y como padre también muy bueno, y como abuelo también. Era un hombre hermoso, tenía un alma extraordinaria”, afirma Beatriz.
Era una gran persona, un gran compañero, nos hacía pasar momentos lindos, él siempre tenía un chiste pata hacerte, era muy humorista pero siempre con altura», destaca Pascual Conti, uno de sus cantores.

«Tenía un cabal sentido de la amistad, de la honestidad, de la educación, fue toda la vida un hombre correctísimo, un poco apasionado en lo político», resume Lischetti y agrega: «Ha dejado un recuento grande por todas sus condiciones, de músico, de buen padre, de esposo, de buen vecino, de buen amigo.En fin, una figura que ha llenado una época de la música popular en Villa Constitución”.


UNA YAPA DEL AÑO 2016
El siguiente es el poema que Santiago Lischetti le dedicó en vida a Juan Defilippi, fue extraido del libro "Radiografía de Villa Constitución en tres placas", del año 1991.

EL TANGO Y EL MAESTRO
Para nuestro Juan Defilippi en el Día Nacional del Tango. 11/12.

Desde joven, a Euterpe ya entregado,
en la edad en que de todo éramos dueños
allá, cuando era verde nuestro prado
y dorado reposo nuestro sueño.

Con tu violín, armado caballero
por Su Criolla Majestad el Tango,
anduviste, bohemio tesonero
difundiendo hasta hoy su antiguo rango.

Figura popular; andar pausado,
estuche bajo el brazo. Eres el hombre
del dos por cuatro en haz filigranado.

Y es tal, con tu vida y la música el acuerdo
que amalgama se han hecho artista y nombre

para quedar por siempre en el recuerdo.

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